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Padre Luis
Pérez Aguirre:
Jesús nos trajo un mensaje de libertad:
la verdad nos hace libres
La
Onda Digital publica un reportaje al Padre Pérez Aguirre
realizada hace algún tiempo por la productora Video Reporte
para su serie "Pensando en voz alta". El material
tiene la estructura periodística para ser difundido en video o
en TV. Mantuvimos el orden del diálogo para conservar la
lógica y riqueza conceptual de las respuestas . Se trata de un
material excepcional que nos permite conocer el origen y la
sólida formación, las profundas raíces cristianas de este
uruguayo que como definió el Presidente Jorge Batlle al
enterarse de su fallecimiento "fue a lo largo de su vida un
ejemplo de conducta"
Padre Pérez
Aguirre ¿cómo surgió la fe cristiana en Ud.?
- Yo vengo de
una familia de fe cristiana y desde que tengo uso de razón y
memoria siempre en mi casa había un clima cristiano clásico.
Luego fui haciendo un proceso personal, con todo lo que implica,
lleno de tensiones, de búsquedas en la fe y fui progresando en
ello. Todo ligado a lo que hoy repasando mi vida pienso que era
una búsqueda de la felicidad personal. En este sentido la fe en
su momento hacía parte de esa búsqueda y a veces la fe que yo
había recibido parecía como oponerse a esa búsqueda.
El hecho de
provenir de una familia con recursos económicos holgados me
posibilitaba hacer una serie de ensayos y experiencias en busca
de la felicidad, por ejemplo en mi juventud me gustaba mucho el
deporte, hice todo tipo de deporte, algunos muy complejos, como
navegación a vela, andinismo, a los 14 años había cruzado la
Cordillera de los Andes con un grupo de amigos andinistas.
Me gustaba la
aviación, a los 16 años hice mi primer vuelo solo en la
Escuela Angela Adami, luego seguí durante un tiempo con la
aviación civil. Pero un día descubrí que no podía ser feliz
mientras que al lado mío hubiera otros que no vivieran esa
felicidad, ya que tenían todo tipo de carencias.
A partir de esto
fue que descubrí algo tan sencillo del Evangelio que es que hay
más felicidad en dar que en centrarse en uno mismo.
Por esa época
comencé a hacer este tipo de experiencia y me sentí mucho más
feliz que buscando mi felicidad, mi satisfacción.
¿Recuerda en
particular alguna de esas interrogantes que surgieron en Ud. en
aquel momento?
- Reitero, en
principio yo venía buscando por el lado de tener recursos,
estudiar, triunfar en lo social y me daba cuenta de que eso solo
me daba una felicidad efímera ya que en verdad no le encontraba
mayor sentido, pero simultáneamente veía que al ayudar a otros
esto me daba algo más duradero, más profundo. Recuerdo por esa
época que en la casa de mi abuelo en Carrasco, casa que tenía
un gran jardín y un jardinero de origen italiano (que había
escapado de la guerra y que al llegar al Uruguay se ofreció a
mi abuelo y éste le dio trabajo) yo empecé a ayudarlo en pequeñas
cosas en el jardín y comencé a descubrir que ese hecho tan
simple me generaba una gran felicidad. Claro, esto es de las más
sencillas, luego pasé a etapas de una gran tensión, recuerdo
por ejemplo que en la etapa de estudiar aviación, en esos días
que pensaba en hacer otra cosa, en entrar como sacerdote,
reitero días de mucha angustia porque implicaba romper con el
pasado, con la vida que tenía, de arriesgar para vivir de otra
manera, surgieron en mí tentaciones de suicidio que dado que
estaba haciendo los vuelos de estudio eran un hecho que podía
volverse muy fácil. Luego fueron primando experiencias más de
fondo.
Padre, ¿qué
caminos formales tomó esa búsqueda religiosa?
- Entré en la
Compañía de los Jesuitas, me hicieron un plan de estudio, dado
que yo tenía una formación más volcada a lo electrónico, a
lo técnico, ellos me dieron elementos más de tipo humanista,
buscando un equilibrio.
Simultáneamente
hacíamos prácticas durante la formación intelectual ayudando
en hospitales y en barrios marginales. Luego de este período
viajé a Chile donde estudié Humanidades en la Universidad de
Valparaíso, allí estudié fundamentalmente psicología.
Posteriormente me instalé en Buenos Aires donde hice una
licenciatura en filosofía. Al terminar esa etapa estuve 3 años
instalado en Uruguay haciendo docencia en un Colegio que teníamos
en Tacuarembó.
Posteriormente
fui a Canadá, Toronto, a hacer la carrera de Teología.
Mientras estudiaba trabajaba como obrero industrial en una
laminadora de acero, lo hacía como una opción personal ya que
pensaba y pienso que no es bueno una formación intelectual
alejada del mundo del trabajo manual, por el contrario unir la
mano con la cabeza nos da una estructura mental distinta, otra
sensibilidad. Luego de este período en Canadá regreso a
Uruguay para ordenarme sacerdote, aunque hubo por medio una
serie de incidencias ya que yo estaba destinado a Zambia, en África,
pero aquí en Montevideo se generaron muchas presiones para que
volviera; finalmente desde Roma me comunicaron que se cambiaba
el destino, que volviera a Montevideo.
En el año 1970
me ordené como sacerdote y comencé a trabajar, eran momentos
muy difíciles en el país. Luego de un año volví a Chile
donde hice nuevos estudios, regresando al país poco tiempo
antes del golpe de Estado.
Empecé a
trabajar con universitarios, con niños de la calle, comencé a
tomar el tema de la prostitución, fundamentalmente la que
estaba en torno al puerto de Montevideo. Fue una época en que
vivía con muchas tensiones que hacían muy difícil el
ejercicio del ministerio sacerdotal, mucho más cuando yo en
realidad me estaba iniciando.
¿Porqué hizo
la opción de los Jesuitas?
- Fue en parte
una gran casualidad ya que mi padre siempre quería que fuera al
Colegio British Schools en que él se había formado (esto
mostraba la extracción social de la que éramos).
En el momento de
inscribirme llegamos y estaban completos los cupos, por lo que
no pude entrar en ese momento lo que generó un gran disgusto a
mi padre ya que él pensaba que al haber estado vinculado
siempre a ésta institución no debiera haber existido este
problema. En esas circunstancias mi madre sugirió que entrara
en el Colegio de los Jesuitas. Debo decir que la primer etapa de
mis estudios los había hecho en el Richard Anderson .
Mi contacto con
los Jesuitas empezaron ahí, algunos de ellos entrañables y
admirados por mí ya que me mostraron una forma de vida que me
marcó para siempre.
Padre, la
historia de los Jesuitas entre los uruguayos casi comienza con
nuestra propia historia.
- Sí, una
historia muy honrosa, pienso yo. Ya que ellos intentaron aquí y
en toda la región la realización de una verdadera utopía.
Hicieron algo muy revolucionario que llegó a ser insoportable
para la Corona, habían logrado la simbiosis de la cultura
guaraní y los valores cristianos que ellos aportaron. Llegaron
a crear la propiedad comunitaria, el Tupambaé y el Amambaé.
El Tupambaé era
la propiedad de Dios, era la propiedad común; el Amambaé era
la propiedad de la comunidad que se gestionaba en forma
comunitaria.
Fue un intento
muy glorioso del que nos queda un desafío, el tratar de
realizar una transformación social.
¿Es legítimo
vincular el pensamiento artiguista a éstas utopías de los
jesuitas?
- Sí, cualquier
historiador objetivo y honesto lo puede descubrir.
Padre Pérez
Aguirre, hablemos de las actividades más recientes, cómo
dirige “La Huella”.
- Yo no dirijo
“La Huella” porque es una comunidad de cristianos laicos,
ellos son los que llevan las responsabilidades ahora, yo soy uno
más que colaboro, que tengo mi rol específico. Las decisiones
son comunitarias, no hay un director, esto llamaba al principio
mucho la atención de los vecinos que llegaban preguntando quién
era el Director y se les contestaba que aquí no hay directores.
La Huella es una
granja-hogar que se dedica a los niños abandonados sin familia,
se recogen esos niños que están en situación de abandono,
previa decisión del juez de menores, es un hogar que tiene además
convenio con el INAME. En este hogar se los educa, hacen la
escuela, se estudia caso por caso, su evolución haciendo un
trabajo muy personalizado.
Se busca que sea
como una familia, cuando ya están preparados y tienen
condiciones de vida independiente, tienen un oficio, salen para
casarse o establecerse en forma independiente. Esto se busca
hacer de mutuo acuerdo.
Es muy lindo
verlos volver a casa, ya realizados.
Este hogar nace
en plena dictadura, quienes ayudaron a concretarlo decían que
no querían demostrar nada sino mostrar que se podía organizar
la vida social o la sociedad con otros valores, con otros
criterios. Allí en esa propiedad comunitaria se trabaja el
campo produciendo leche, criando cerdos que sirven para vivir.
En el trabajo participamos grandes y chicos. La división de
roles en función del género masculino y femenino como
habitualmente se hace en la sociedad allí está cuestionada ya
que se distribuyen las tareas de acuerdo a talentos y no de
acuerdo a lo que se dice sobre “hombres más fuertes o mujeres
más débiles”.
Se trata de
actuar sobre los efectos de éstas situaciones de injusticia
estructural que genera estos niños abandonados. Se debe tener
en cuenta que para ser Uruguay un país de 3 millones de
habitantes es muy, muy alto el número de niños marginados en
situación de calle. Son miles de acuerdo a estudios realizados
por UNICEF muy recientemente. Esto es la cara, es la
consecuencia de una injusticia económica y de las prioridades
que se nos imponen.
Tenemos que
luchar para cambiar esa estructura que genera pobres, no basta
recoger los pobres sino parar la máquina de hacer pobres. Esto
es un tema muy, muy complicado.
En su momento La
Huella fue por sus definiciones mal vista por la dictadura, y
tuvimos algunos problemas.
¿Por esa época
Ud. también fue fundador de Serpaj?
- Sí, fui de los
fundadores del grupo aquí en el Uruguay, en aquellos años era
muy importante crear esos espacios en la defensa de los derechos
elementales de las personas. Se debe recordar que fueron
momentos muy difíciles, hasta el trabajo humanitario se catalogó
como un delito, eso sucedió en nuestro Uruguay de hace solo
algunos años atrás!!
Hablemos un
momento sobre lo que Ud. ha mencionado como materias pendientes
en derechos humanos para los uruguayos.
- Este tema tiene
como dos dimensiones, una es la que quedó establecida por las
leyes y los mecanismos legales que fueron aprobados, pero creo
que sigue quedando pendiente una reconciliación nacional, me ha
tocado asistir a las víctimas de estos temas, madres que tienen
niños desaparecidos, niños que tienen a sus madres
desaparecidas, abuelas que reclaman por sus hijos y sus nietos.
A mi entender debemos tomar iniciativas para tratar de acceder a
la verdad de lo sucedido como una manera del saneamiento del
cuerpo social, porque hasta ahora se llegó a un tipo de solución
legal, que es legal pero no es justa.
Yo para
reflexionar pongo mi caso personal para ver el horror
sobre este tema, me he encontrado con frecuencia en las calles
de Montevideo con mi propio torturador caminando como un gran señor,
o el otro caso, el de los médicos que colaboraron en las
torturas que hoy trabajan como “honestos profesionales” y
que la sociedad no tiene posibilidad de saberlo y yo he
preguntado ¿Ud. se pondría en manos de alguien que hizo esas
barbaridades? y me dicen lógicamente que no, pero hoy como no
lo saben son muchos los que se atienden con estos “señores”.
¿Cómo se
involucró en la ayuda a las prostitutas?
- Lo hice en
concreto a partir de un caso donde una mujer se enfermó. Allí
colaboré para encontrar una solución a ella y a sus hijos. Me
fui involucrando en el tema de las meretrices que son varios
miles de mujeres y está también la prostitución masculina;
también es uno de los temas complejos ya que además del tema
social es muy difícil acceder a las personas reales ya que
ellas con todo derecho se protegen, se defienden para
sobrevivir. Es un tema que hasta lo traté en un libro, “La
mujer de la vida”.
Pero hoy están
organizadas, tienen un sindicato
- Ahora están
organizadas y tienen a Amepu. En este ámbito he estado
colaborando con ellas.
Padre Pérez
Aguirre, hablemos de la Iglesia, Ud. en un libro llegó a
definirla como “la Iglesia increíble”.
- Se refiere a
problemas de la Iglesia que están pendientes y sin resolver y
que afectan a mi entender profundamente la credibilidad de la
Iglesia.
Hay tres
vertientes o vetas en mis preocupaciones sobre estos temas: uno
es la opción por el pobre; creo que hay una enorme distancia
entre el decir y el hacer; la segunda es el manejo del poder
dentro de la Iglesia. Este es un tema muy sensible, ya se
conocen los escozores que han creado en algunos sectores de la
Iglesia mis opiniones. La tercera es el tema de la mujer dentro
de la Iglesia; el tema de la sexualidad en la Iglesia, el tema
de la moral. He dicho que es un problema de derechos humanos ya
que la mujer no tiene casi derechos dentro de la comunidad.
El derecho canónico
en la Iglesia está hecho por varones, esto es un tema complejo,
tiene consecuencias muy grandes que hay que estudiar y
pensarlas. Jesús que divide la historia en dos nos trajo un
mensaje de libertad, un mensaje de fraternidad, ese anuncio de
que la verdad nos hace libres, tenemos que hacer de nuevo ese
ejercicio libertario, verificar estas realidades. Yo
siempre me pregunté como sería una teología hecha por
mujeres, desde la mujer y por la mujer.
De todas maneras
algo empieza a verse en este campo y nos muestran realidades que
nosotros los varones en casi 2000 años no vimos.
¿Padre cómo
es la Iglesia uruguaya?
- Es una Iglesia
pequeña de menor peso social de lo que puede ser el caso de
Brasil o Argentina. Por nuestra historia como país nos hemos
mantenido un poco acorralada, también como consecuencia de
algunos fenómenos culturales que llevó a que la Iglesia se
replegara, que preservara y buscara salvar ciertos espacios para
sus funciones muy específicas, esto hace que la Iglesia haya
tenido dificultades en impregnar nuestra cultura, nuestra
realidad. No se trata de dificultades a nivel de los
sacramentos, se trata de dificultades como comunidad.
LA
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