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Política
internacional uruguaya
cuestionada en el Parlamento
El
martes 1º de abril el diputado Carlos Pita, EP-CP, interpeló al
canciller interino, doctor Guillermo Valles, sobre la postura del
gobierno de Uruguay ante la guerra en Irak. Lo que sigue es el
fundamento de voto del legislador del Encuentro Progresista
SEÑOR
PITA.-
Pido la palabra para fundar el voto.
SEÑOR
PRESIDENTE (Chápper).-
Tiene la palabra el señor Diputado.
SEÑOR
PITA.-
Señor Presidente: aunque resulte superabundante, fundamos el voto
en las profundas discrepancias de naturaleza coyuntural, estratégica
y de principios que tenemos con la posición adoptada por el Poder
Ejecutivo, que está contenida en la declaración oficial de la
semana pasada.
Creemos
absolutamente pertinente el ejercicio de la facultad
constitucional del llamado a Sala al señor Ministro interino de
Relaciones Exteriores para fundar nuestra posición y para
cuestionar la del Poder Ejecutivo. En este sentido, ya hemos
tramitado ‑con la colaboración y el acuerdo del señor
Presidente de la Cámara, y cubriendo los aspectos
reglamentarios‑ la posibilidad de que el señor Ministro
interino de Relaciones Exteriores concurra en muy pocos minutos a
esta Casa a fin de llevar adelante la interpelación. Si luego de
los fundamentos de voto todavía no se ha hecho presente el señor
Ministro interino de Relaciones Exteriores, ya dejamos planteada
una moción para que la Cámara pase a intermedio por el término
de quince minutos.
SEÑOR
PITA.-
Señor Presidente: vamos a iniciar la exposición central de esta
interpelación señalando, en primer término, que el asunto que
la motiva es uno de los que menos dudas me han generado en la
historia, a esta altura ya bastante prolongada, de mi vida
parlamentaria en cuanto a iniciativas de interpelación. No debe
haber otro tema que haya repercutido en forma más intensa y
generalizada en toda la ciudadanía y, sin duda, en todos los
seres humanos que habitan este planeta en los últimos tiempos. No
hay familia que no esté pendiente de lo que está sucediendo. No
hay ser humano insensible ante el horror que se está viviendo. Yo
diría que quien está investido como Representante Nacional
siente, más que un derecho otorgado por la Constitución de la
República, el deber de promover en estas circunstancias
‑como veremos después desarrollado‑ este llamado a
Sala.
Este
debe ser uno de esos temas que nunca se borrarán de la memoria de
los ciudadanos, tal como sucede con las épocas de horror de la
Segunda Guerra Mundial, que aún son recordadas por la gente que
en ese entonces tenía conciencia y pudo sobrevivir. Este es, sin
duda, para las generaciones que habitan el planeta, un fenómeno
impactante.
No
debe haber habido instancia más conmovedora en los últimos
lustros, que haya movilizado los sentimientos y el pensamiento de
los uruguayos como esta que está viviendo el mundo. En el medio
de la depresión más grande, en el medio de las privaciones más
grandes, en el medio de la recesión más terrible de la historia,
los uruguayos están conmovidos por la suerte de seres humanos que
viven a miles de kilómetros de distancia. Son seres humanos que
tienen valores humanos que los identifican y que los hacen
compartir el sufrimiento con el semejante, más allá de donde se
encuentre y a pesar de que habite un país tan distinto al
nuestro.
Desde
el punto de vista político, esta es, además, una interpelación
promovida a partir de la necesidad de sustanciar una discrepancia
profunda con un posicionamiento del Poder Ejecutivo que no
compartimos y que rechazamos.
Rechazo
también, y lo haré en el debate posterior, cualquier adjudicación
de intenciones o de otros motivos que los que he expresado y
expresaré en relación con esta interpelación que mi bancada me
ha permitido el honor de protagonizar.
En
lo que respecta al problema de salud del señor Canciller Opertti,
todos los legisladores de las Comisiones de Asuntos
Internacionales de ambas Cámaras saben de mi sensibilidad y
solidaridad con la situación que atraviesa y de mi alegría por
su anunciada y pronta recuperación. También saben ‑y
consta en las versiones taquigráficas‑ que planteé al señor
Ministro interino Valles la posibilidad de analizar, en el propio
seno del Poder Ejecutivo, la conveniencia de buscar una fecha
propicia que permitiera contar con la presencia del Canciller
Opertti y del propio Ministro interino Valles. Me dijo que lo iba
a estudiar con el Poder Ejecutivo y que haría la evaluación
correspondiente, pero que era su voluntad concurrir apenas se
votara la moción de interpelación. Consta en las versiones
taquigráficas, señor Presidente; así lo dijimos y lo
ratificamos, para que conste, en este plenario de la Cámara.
La
voluntad, entonces, de que a esta interpelación concurra el
Canciller interino Valles es una decisión que le respetamos. Y
las razones ajenas a la voluntad del Canciller Opertti que no le
permitieron estar presente hoy no corren por nuestra cuenta ni está
en nuestro poder influir en ellas.
Hechas
estas aclaraciones, también en la introducción de esta
interpelación señalamos que con los asesores de nuestra bancada
nos preocupamos por consultar a dos constitucionalistas sobre la
circunstancia que se está viviendo: un cuestionamiento a una política
‑no a una persona o a otra‑, los hechos que se
sustancian y que tienen una temporalidad definida ‑que no
está en nuestro poder manejar‑, y cuál es la
responsabilidad política que constitucionalmente está
establecida en caso de cuestionamientos parlamentarios a la
actuación de los miembros del Poder Ejecutivo. No hay la más mínima
duda de que estamos haciendo una interpelación a la política que
el Poder Ejecutivo ha adoptado, en torno al posicionamiento
asumido, expresado a través del Ministerio de Relaciones
Exteriores, frente a los acontecimientos que motivan el llamado.
Tanto el profesor Korzeniak como el profesor Cassinelli Muñoz nos
han confirmado esta interpretación de los hechos, reconociendo,
evidentemente, la particularidad de la circunstancia.
La
discrepancia que nosotros vamos a intentar sustanciar aquí, señor
Presidente, es coyuntural, es estratégica y es de principios, y
va a tener tres ejes temáticos que están incluidos en los capítulos
en los que desarrollaremos nuestra posición.
Uno refiere a los procedimientos de la toma de posición en
materia de política exterior del Poder Ejecutivo, de este y de
los anteriores; otro, refiere al significado y al alcance de esta
toma de posición y sus consecuencias en el Uruguay y en la
inserción de nuestro país en el mundo; y un tercer eje temático
refiere al contenido de la declaración del Poder Ejecutivo y su
carácter, que -reiteramos- a nuestro juicio fue inconsulto,
tardío, inaceptable y contrario a la tradición nacional en la
materia.
El
capítulo primero define la historia de la construcción de lo que
se ha dado en llamar una política exterior de Estado, concepto
que con muchos altibajos, irregularidades e imprecisiones, todos
los partidos políticos hasta no hace mucho tiempo hemos
coincidido en calificar como una necesidad importante y positiva
para los intereses de la nación. Básicamente, una política de
Estado en materia de política exterior es una construcción práctica
sobre la base de una aplicación sistemática de principios
sostenidos a través de la historia de la nación: defensa de la
soberanía, defensa de la autodeterminación de los pueblos, no
intervención en los asuntos internos de otros Estados y la solución
pacífica de las diferencias entre las naciones. Cada uno de estos
principios, con sus variantes circunstanciales y sus atenuaciones
o modulaciones en función de la evolución de diversos conceptos
como en el del principio de no intervención ‑debido al
avance de otro principio que ha ganado un terreno impresionante y
con el que estamos totalmente de acuerdo, que es el principio de
la competencia universal para el juzgamiento de los crímenes que
atentan contra los valores fundamentales de toda la
humanidad‑ son, en definitiva, pilares de la construcción
del edificio de un régimen de convivencia internacional basado en
el derecho como regulador de la convivencia respetuosa entre las
naciones y los pueblos del mundo.
Junto
a esas definiciones de principios fundamentales también hay
definiciones de consenso, trabajosamente construidas e
irregularmente armadas, pero nítidamente definidas en el correr
de los últimos quince años, luego de la salida de la dictadura
militar, en los tres Gobiernos democráticos que la sucedieran.
Ha
sido una definición, compartida hasta no hace mucho tiempo, que
los intereses nacionales dependían, en primer lugar, de la
defensa permanente de estos principios enunciados, junto con
grandes apuestas sobre la manera de insertarse el Uruguay en el
mundo. Primero fortalecernos en la región; luego fortalecernos en
el continente latinoamericano, con sus respectivos instrumentos:
MERCOSUR, Consenso Latinoamericano, Grupo de Río. Desde esa
posición de fortaleza, primero regional y después continental,
relacionarnos con los grandes bloques de poder económico,
financiero y político del mundo a fin de tratar de tener la mayor
fuerza posible para intentar sobrevivir en este mundo cada vez más
hostil, en una realidad planetaria que hace más fuertes a los
fuertes y más débiles a los débiles. Sostener una postura de
equilibrio razonable entre los tres grandes bloques de poder
mundial desde el punto de vista económico, político, financiero
y comercial. Por un lado, Estados Unidos y Norteamérica; por
otro, la Unión Europea, en crecimiento; y un tercer espacio,
Asia, con dos realidades: la de Japón y otras potencias asiáticas
y la de la China continental, como un segundo capítulo de ese
tercer gran bloque de poder.
Esto
fue desarrollado y hay doctrina en la materia. Como veremos después,
son innumerables los documentos parlamentarios y
extraparlamentarios que abonan estas definiciones. Y estas
definiciones se construyeron sobre estas bases que estoy
mencionando, señor Presidente.
El
primer Canciller de la democracia posdictadura, Enrique Iglesias,
daba una pista nítida del principio de esta construcción:
"el país es demasiado pequeño para hablar de protagonismo
en algún campo, salvo aquel que surge de una presencia digna que
se destaca por sí sola".
Esto
ha seguido después de la gestión de Iglesias, reconociendo
puntos altos en Cancilleres como Gros Espiell, Sergio Abreu y el
propio Opertti, a los que vamos a citar. Lo señalamos porque
ellos hicieron doctrina y práctica, con distinto grado de
intensidad, de esta construcción a la que aludimos.
Yo
mismo participé de consultas previas a la toma de decisiones de
la Cancillería en las épocas de Gros Espiell. El país supo
elaborar, en medio de grandes desavenencias ‑y a pesar de
ellas‑, construcciones de participación de la pluralidad
del espectro político y social nacional en las apuestas
regionales. Se formaron comisiones políticas y político-técnicas.
Haciendo un poco de memoria, recuerdo comisiones político-técnicas
integradas por figuras de economistas como Alberto Couriel, Celia
Barbato, Macadar, Porto, participando junto a dirigentes políticos
y cuadros político-técnicos de todos los partidos a fin de armar
una posición nacional en torno a la construcción de un proyecto
de integración; todo basado en una política de principios.
El entonces Canciller Héctor Gros Espiell tanto defendió la política
de principios que definía con extrema dureza ‑dureza que
compartimos‑ cuestiones como esta: viendo las dificultades
de los países pequeños para posicionarse frente a los poderes
mundiales tratando de imponer sus intereses, decía:
"Entonces, simplemente, frente a las dificultades, mantener
los principios y la dignidad; la indignidad del arrastrarse no
paga, no es buen negocio".
Con
el doctor Sergio Abreu ‑fíjense que estoy hablando de
Ministros de Relaciones Exteriores de distintos Gobiernos del
Partido Colorado y del Partido Nacional‑ estuvimos, no una
sino varias veces, reunidos en la propia Cancillería con la
autoridad política partidaria, con los representantes de nuestra
bancada en las Comisiones de Asuntos Internacionales y con los
especialistas en los temas que íbamos a tratar de las Comisiones
de programa de nuestro Partido, analizando las posiciones que se
iban a asumir en nombre de la nación frente a distintas
instancias en las que el país, como Estado, tenía que
pronunciarse.
Sin
duda, es una virtud que el país demostró, habiendo sabido
construir ‑reitero‑ con discrepancias internas, con
diferencias que en muchos casos no fueron de matices, pero
sabiendo encontrar, por encima de esas diferencias aun profundas,
aquellos aspectos vertebrales que nos hacían mantener principios
fundamentales y una manera de encontrar el rumbo del país,
pensando en el futuro sin renunciar a construir el mundo en el que
vivimos como seres humanos integrantes de una comunidad nacional
que conforma la nación que es la República Oriental del Uruguay.
¡Si
habrá habido diferencias políticas con el primer Gobierno del
doctor Sanguinetti! ¡Si habrá habido diferencias políticas con
el Gobierno del doctor Lacalle! ¡Si habrá habido diferencias políticas
con el segundo Gobierno del doctor Sanguinetti! Pero todos supimos
tratar de buscar consensos fundamentales, a la hora de construir
una permanencia en el tiempo, que permitieran encontrar los
espacios para las señales de identidad nacional por encima de los
partidos, en la lucha tan dura, tan cruel y tan difícil por
defender nuestros intereses frente al mundo.
Existe
una definición de carácter doctrinario del Canciller Opertti,
cuyos aspectos sustanciales voy a leer porque me parecen muy
positivos.
En
ocasión de asumir el cargo como Canciller de la República, decía:
"Naturalmente que un Gobierno de esta naturaleza es un
Gobierno sin exclusiones, ya que si bien es cierto que esta
concertación es de dos partidos," ‑se refería al
Gobierno anterior‑ "no es menos cierto que la Política
Exterior es una Política de Estado, es una política del país. Y
el país pertenece a todos; no pertenece solo a las dos
colectividades históricas que en una época le dieron
nacimiento.- Por lo tanto, política de concertación en la gestión,
pero política de Estado en la interpretación de las
orientaciones globales que suponen el consenso, ese consenso
habilitante, legitimante, que le da al Estado la superación de
las diferencias internas. [...] Política de Estado es aquella que
concilia orientaciones e interpretaciones que pueden en su génesis
ser diversas, pero que en su resultado han de ser unívocas. En
definitiva, una Política de Estado es aquella que está rodeada
sobre todo del entorno de conciliación, de diálogo, y de la acción
de continuidad, garantía precisamente de reafirmación de
determinadas líneas de gestión.- Ese es el sentido que nosotros
trataremos de dar, reafirmando el concepto de Política de Estado
en nuestra gestión".
Termino
la cita con esta afirmación: "El Ministerio de Relaciones
Exteriores no ha sido, no puede ser, ni ha de ser, un Ministerio
desconectado de la opinión pública".
Téngase
presente estas cuatro citas, incluida la última.
Estas
son algunas de las características de una construcción que no
idealizo. Quede claro que hay infinidad de circunstancias en las
que no hemos estado de acuerdo; controversias que nos han llevado
a polemizar no pocas veces; asuntos en los que hemos insistido
tanto, como el de los procedimientos en dicha construcción.
Nosotros
siempre hemos dicho que esta política se basa en estos
principios, en estos rumbos generales, que deben marcar el piloto
automático de una nación si quiere tener perdurabilidad y
realización con continuidad de gestión. Pero también los
instrumentos de la construcción de esa misma política se han ido
perdiendo en los últimos tiempos.
Lamentablemente,
a partir de la asunción de la Presidencia de la República del
doctor Jorge Batlle hemos asistido a un progresivo abandono de los
pilares fundamentales en los que se había construido esta política
de Estado; con una acción del Presidente de la República que ha
determinado para el país ‑lo hemos dicho una y mil veces, y
lo reiteramos en la Comisión y ahora en el plenario‑ una
conducción de política exterior errática, contradictoria, por
momentos caótica, con excesos en las gesticulaciones políticas
hacia el exterior absolutamente inconvenientes e indebidas; desde
las durísimas críticas a la Unión Europea ‑absolutamente
fuera de tono‑, sin utilizar lenguaje diplomático alguno ni
respetando normas elementales de las relaciones entre los Estados.
Hizo manifestaciones de preferencia por cercanías prioritarias
con la República Argentina, invocando hasta el propio Virreinato
del Río de la Plata, integrando una realidad regional en la que
tan importante es entender que nuestro papel en ella tiene que
pasar por unir, en la medida de lo posible, los destinos de los
dos grandes para que nosotros podamos tener destino en esta región
en la que nacimos y de la que no nos vamos a poder mudar nunca.
Tuvo actitudes que han sido objetivamente inconvenientes con
respecto a la República Federativa del Brasil; situaciones de catástrofe
en términos político-diplomáticos con la República Argentina,
de dolorosísimo recuerdo y graves consecuencias en la realidad de
nuestro país; gravísimas consecuencias en materias específicas
y concretas en la vida del Uruguay.
Ha
existido un permanente, intensivo y progresivo alineamiento con
las posiciones del Gobierno de los Estados Unidos de América
encabezado por el Presidente George Bush, en una clara apuesta al
bilateralismo excluyente, en desmedro de los intereses regionales
y del necesario equilibrio con los otros grandes bloques de poder
económico, financiero y comercial del mundo. Todos estos
procedimientos fueron realizados sin consulta partidaria y con
negación de la consulta partidaria.
En
reiteradas ocasiones hemos formulado propuestas de intercambio
sobre todos los temas que hemos podido. Cuando se estaba
analizando qué política llevar adelante en la Comisión de
Derechos Humanos de las Naciones Unidas, este legislador, acompañado
del señor Diputado Pintado, concurrió a la Cancillería. Allí
dejamos una propuesta de estrategia en materia de protagonismo
uruguayo en dicha Comisión, sugiriendo una línea de trabajo que
nos evitara ser vistos como instrumentos de intereses ajenos a la
defensa del interés nacional; con un concepto de pragmatismo
absolutamente anclado en principios fundamentales y en la defensa
de los derechos humanos, conciliando el principio de no intervención
y el de competencia universal en materia de defensa y promoción
de los derechos humanos.
Ya
entonces, en la Comisión de Derechos Humanos, vivimos un
episodio, el de la presentación de la moción referente a la República
de Cuba, que después de una serie de agravios intercambiados y de
epítetos absolutamente ajenos a cualquier lenguaje político
diplomático, culminó con la incompartible ruptura de relaciones
diplomáticas, sin que nadie se enterara, a no ser después de
leerlo en los diarios o verlo en la televisión. Fue este uno de
los ejemplos más contundentes del carácter inconsulto de la
conducción de una política exterior; al grado de que todos los
partidos políticos de este país se enteraran por los diarios de
que habíamos roto relaciones con un país hermano, haciendo del
Uruguay un ejemplo originalísimo en el mundo, en un momento en
que Estados Unidos estaba buscando fortalecer, ampliar y
desarrollar la Oficina de Relaciones Comerciales con la República
de Cuba. En ese momento dijimos que se había escrito una página
negra en la historia de la política exterior uruguaya por todo lo
que significaba para nosotros el procedimiento y el contenido de
dicha decisión política.
SEÑOR
AMORÍN BATLLE.-
¿Me permite una interrupción?
SEÑOR
PITA.-
Sí, señor Diputado, pero pido expresamente que me dejen
continuar con la exposición, por lo menos en este capítulo.
SEÑOR
PITA.-
Señor Presidente: en términos casi telegráficos digo que esto,
de contradicción, no tiene absolutamente nada. El grado de
alineamiento incluye hacer lo que otro Estado no quiere, y para
eso se pide a alguien que lo haga en su lugar. Tan claro es esto
que en esa ocasión sustituimos a otra República en la presentación
de una moción. Estados Unidos y su Departamento de Estado habían
estado buscando quien presentara esa moción ‑todos sabemos
que es así‑ y fue Uruguay el que la presentó. Además, se
nos dijo hasta el último momento que no había nada definido.
Tanto es así que sobre este capítulo se pudo desarrollar un
profundo análisis y un extenso debate en el Senado en ocasión de
un llamado a Sala al señor Canciller Opertti.
Ninguno
de estos cambios que se fueron sustentando fue consultado ni
anunciado. El Gobierno del Partido Colorado, con el doctor Jorge
Batlle como candidato, no lo había dicho antes de las elecciones
de 1999. Él reafirmó la política de Estado y en alguna ocasión
habló de sus virtudes. No lo dijo en el balotaje ni en ningún
otro momento. Sinceramente, a partir de la primera investidura
nacional, de quien representa sin duda a la nación ante el mundo,
el Presidente de la República, se adopta un cambio de rumbo
mediante el cual se transforma el acuerdo bilateral comercial,
supuestamente posible de lograr con los Estados Unidos, en una
prioridad absoluta a la que se subordinan todas las demás
acciones y se condicionan los instrumentos de política exterior.
Vayamos
al procedimiento de toma de decisión sobre este episodio que es
el centro del análisis: la guerra. Coincidimos totalmente con el
señor Canciller Opertti cuando decía hace pocos días, antes de
la guerra, en la Comisión del Senado, que este no era un tema
coyuntural y que en función de cómo se resolviera y de cómo
evolucionaran los acontecimientos se iban a determinar muchísimos
aspectos de la marcha del mundo por mucho tiempo. Ya en ese
momento ‑y este es un aspecto importantísimo de la exposición‑
hablamos de lo que significaba la doctrina actualizada el año
pasado por Condolezza Rice ‑esta importante jerarca del
Gobierno de los Estados Unidos‑ sobre la teoría de la legítima
defensa preventiva, de la guerra preventiva o de la guerra
cautelar. Ya en ese momento expresábamos una crítica a la posición
sostenida por Uruguay en el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas a través de nuestro representante, el Embajador Paolillo,
no por lo que dijo ‑que lo compartimos‑, sino porque
no había desarrollado el rechazo frontal a lo que define esa
tesis y a lo que implicaba en caso de aplicarse.
Tanto
fue analizado esto ‑y pido a los señores legisladores que
presten atención‑ que en versiones taquigráficas consta
que el Canciller de la República dijo: "Primero, supusimos
que estábamos interpretando a todo el espectro político nacional
con esta posición, y es la primera razón por la que no
consultamos. Y, en segundo término, por la urgencia que teníamos
de hacer escuchar nuestra voz en esa audiencia del Consejo de
Seguridad. Pero en el futuro consultaremos". Lo dice
textualmente en la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara
de Senadores: "Es decir que en este caso hubo razones de
urgencia" ‑leo textualmente‑ "pero
seguramente si mañana hay un proyecto de documento sobre la
guerra preventiva, sobre la intervención cautelar o sobre
cualquier otra cosa, que tenga el carácter de una propuesta
llamada a permanecer como un sistema normativo de Naciones Unidas,
al menos quien habla vendrá a esta Casa, al Cuerpo que el propio
Parlamento designe, para explicar y anticipar su contenido".
Se
me podrá decir que, literalmente, a lo que se compromete el señor
Canciller Opertti es a concurrir al Cuerpo que el Parlamento
determine y a consultar sobre la doctrina de la guerra preventiva.
Se imaginarán que si el compromiso fue consultar sobre dicha
doctrina de la guerra preventiva, ¿cómo alguien podía siquiera
suponer que no se nos iba a consultar sobre la concreción práctica
de la primera acción de la guerra preventiva llevada adelante por
la decisión de dos Gobiernos, de dos países miembros de las
Naciones Unidas?
Se
comprometió a consultar y no lo hizo, señor Presidente. El
Canciller de la República no cumplió con ese compromiso. Pudo
hacerlo y debió hacerlo, y no cumplió con ese compromiso. El
Ministerio de Relaciones Exteriores no lo hizo. ¿Por qué? Se
debió y se pudo haber consultado, pero no se quiso consultar; no
hay otra interpretación. Después no se puede decir que en lugar
de la consulta se emite un pronunciamiento que, según la
exclusiva y excluyente interpretación de quien lo realiza,
respeta e interpreta las declaraciones de los demás partidos políticos
en las Cámaras de Representantes y de Senadores, y hasta la carta
que los jóvenes de mi sector político entregaron a los
Cancilleres reunidos en el Uruguay.
No
es de recibo esta afirmación. Es evidente que la voluntad de los
partidos políticos era participar en una decisión de esta
naturaleza en forma anterior a que hubiera un pronunciamiento como
posición en nombre de la nación. ¡Nosotros somos miembros de
esa nación, Representantes Nacionales! ¡Pedimos y exigimos
consulta! ¡Se nos excluyó expresa y deliberadamente! ¡Si habrá
motivos para interpelar! Solo esto basta para fundamentar una
interpelación. Y el énfasis que yo estoy dando a mis palabras es
conceptual. Aquí no hay ni un solo calificativo. No preciso, para
defender mis convicciones, utilizar agravios, atribuir intenciones
ni usar adjetivos descalificantes, que rechazo terminantemente.
Vamos
a hacer una breve reseña histórica de los hechos y
circunstancias previos al desencadenamiento de la agresión. Esta
guerra es innecesaria. Desde la primera resolución del Consejo de
Seguridad sobre Irak, la N° 660 de 1990, hasta la Resolución
N° 1441 de 2002, todas incluyen la reafirmación de la
obligación de todos los Estados de respetar la soberanía y la
integridad territorial de Irak, Kuwait y los Estados vecinos.
Todas, señor Presidente.
La
comunidad internacional, a través del Consejo, estuvo atenta y
operativa desde entonces en forma permanente, periódica y
rigurosa. La Resolución N° 1284 de 1999 ya evaluaba
‑yéndonos más hacia el momento presente‑ los avances
logrados y señalaba las cuestiones pendientes, expandiendo el
programa de petróleo por alimentos iniciado en la Resolución N° 986
aprobada en 1995.
Es
bueno compartir con todos ‑para que nadie se llame a engaño‑
que este programa de petróleo por alimentos se controla en forma
rigurosísima, de manera que no se puede desviar un centésimo
para otro destino que no sea el fijado. El programa determina
alimentos y suministros médicos. Tanto es así que se crea una
cuenta que administra el Secretario General de las Naciones
Unidas. No había posibilidad alguna de que se desviara un centésimo
de ese programa para otro fin que no fuera su propio destino.
Desde
la aprobación de la Resolución N° 1441 se habían
verificado avances incontrastables, documentados, absolutamente
comprobables, en la prosecución del objetivo del desarme de Irak.
Todos los informes de las Naciones Unidas lo testimonian; en
particular, son elocuentes las afirmaciones del Jefe de los
inspectores, Hans Blix, y voy a referirme a sus últimas cuatro
declaraciones para no cansar a nadie con esta exposición inicial.
El
14 de febrero, Blix afirmó que hasta ese momento los inspectores
no habían encontrado armas de destrucción masiva en Irak, sino
"solo un pequeño número de ojivas vacías", pero
advirtió que hay "muchos componentes prohibidos" que
Irak no ha declarado.
La
información de prensa continúa diciendo: "Así, sin pedir
formalmente más tiempo para continuar las inspecciones, Blix dejó
entender que su misión debe continuar para asegurar el desarme,
especialmente ahora que Irak ha facilitado las inspecciones aéreas".
El
próximo informe es del 16 de marzo y expresa: "El jefe de
inspectores de la Organización de las Naciones Unidas, Hans Blix,
informó hoy al Consejo de Seguridad de esta entidad que no ha
hallado armas de destrucción masiva durante sus pesquisas en
Irak. Asimismo, se indicó que tampoco se encontraron evidencias
de que el régimen de Saddam Hussein haya reanudado su programa de
armamento nuclear".
Más
adelante se expresa: "El colega de Blix, Mohamed El Baradei,
director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, dijo
que los inspectores no encontraron evidencias de que Irak haya
reanudado su programa de armamento nuclear y que los inspectores
no requieren necesariamente de la cooperación total de Irak para
su labor".
El
27 de marzo, el Jefe de inspectores señala nuevamente que no hay
evidencias de que los misiles tengan un alcance mayor a los 150
kilómetros. Dice: "De momento, no representa una violación".
Y plantea: "El Consejo de Seguridad no ha derogado nuestro
mandato". Ya estaba en plena discusión el tema de la
continuidad de las misiones inspectivas. Continúa: "Los
inspectores van a volver cuando las condiciones de seguridad lo
permitan".
La
última declaración de Hans Blix, días después de que la guerra
se desató, es conmovedora. La publicó el diario "El País"
el 30 de marzo, y dice así: "'Los resultados de las
investigaciones de los inspectores en los lugares iraquíes
asesorados por los servicios secretos norteamericanos resultaron
miserables', subrayó Blix.- 'Descubrimos armas solamente en tres
de los lugares a los cuales fuimos enviados. Y ni siquiera se
trataba de armas ilegales de destrucción masiva', recalcó Blix".
Sobre
el tema de Irak y el terrorismo, que después de un tiempo fue
dejado de lado por insustentable, hay informes que señalan con
claridad la incompatibilidad del régimen iraquí con Al Qaeda.
Aquí hay opiniones en ese sentido de Madeleine Allbright, de
Jimmy Carter, documentos de la CIA e informes de los servicios
secretos británicos que tengo en mi poder, de publicaciones
absolutamente creíbles.
Señor Presidente: este aspecto fue dejado de lado por la
existencia de datos concretos señalando que entre el régimen
laico de Saddam Hussein y la organización terrorista Al Qaeda no
solo no había relaciones de proximidad, sino que eran verdaderos
enemigos, considerando esta organización terrorista al régimen
iraquí como apóstata y objeto de repudio y condena.
Estuvieron
presentes en la consideración del Consejo de Seguridad dos
propuestas muy importantes: el borrador de la propuesta de
Francia, Alemania y Rusia, que hacía más rigurosas las
condiciones y mucho más perentorios los plazos para su
cumplimiento en torno al objetivo del desarme, y una propuesta,
realmente histórica, que quiero comentar porque para mí es un
ejemplo que será recordado en la historia como uno de los puntos
más altos de dignidad nacional llevada adelante por un país, no
tan pequeño como el nuestro pero pequeño al fin, de esta América
Latina.
El
14 de marzo, la República de Chile, integrando el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas, hace una propuesta ‑si las
presiones son grandes para todos los países, imaginemos lo que
son para Chile‑ que incluye cinco puntos. Estos desarrollan
en términos máximos las obligaciones del desarme completo para
tener la más absoluta y total garantía de su cumplimiento
estricto, hablando inclusive de armas específicas y concretas
‑que en otras resoluciones no se mencionaban‑, como lo
establece la segunda condición. Por sobre todas las cosas,
establecía para su cumplimiento un plazo perentorio de veintiún
días. Escúcheseme bien, señor Presidente, lo que estoy
diciendo: la propuesta de Chile, que integraba el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas, planteaba un plazo de veintiún
días para el cumplimiento pleno y total de las cinco condiciones.
Y si alguna de estas no era cumplida en su totalidad, automáticamente
se autorizaba el uso de la fuerza para completar por ese medio el
desarme de Irak.
Esta
posición de Chile desnuda, a mi juicio, con meridiana claridad el
propósito que anima a los Gobiernos que decidieron iniciar la
guerra contra Irak. No solamente no se quiso esperar tres semanas
más para ver si se podía evitar el espantoso horror de esto que
estamos viviendo, que uno no encuentra palabras para calificar
porque conmueve cada día ‑a uno lo enferma ver la televisión
y escuchar las noticias‑; a esta altura da la sensación de
que no querían que fuera el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas el que tuviera el control de las acciones y participara
directamente de la etapa de la posguerra, si pasados los veintiún
días hubiera sido necesario recurrir al conflicto armado. Eso es
evidente. Se me preguntará con qué lo pruebo. Con mi convicción,
después de analizar la conducta que se ha llevado adelante por
parte de quienes decidieron esta acción militar en contra del
derecho internacional, desconociendo las resoluciones vigentes de
las Naciones Unidas y las competencias de su Consejo de Seguridad.
SEÑOR
DÍAZ.-
¿Me permite una interrupción, señor Diputado?
SEÑOR
PITA.-
Le pido que me permita terminar el capítulo e inmediatamente le
doy la interrupción. Le pido disculpas; no es mi intención negársela.
Es
realmente un claro propósito de intereses ajenos a los motivos
que se invocan lo que lleva a estas dos grandes naciones del mundo
a protagonizar esta guerra de agresión y este brutal ataque a los
principios fundamentales del derecho internacional, a la legalidad
y al edificio sobre el cual fue construida la comunidad de
naciones después de la Segunda Guerra Mundial. Como conclusión,
es evidente que la guerra era evitable si el fin buscado hubiera
sido realmente el que proclamaban los agresores.
Es
una guerra indiscutiblemente ilegal. En el preámbulo de la Carta
de las Naciones Unidas ya se determina con claridad que son los
pueblos del mundo, resueltos a no seguir matándose como en la
Primera y en la Segunda Guerra Mundial, los que buscan y
encuentran mecanismos para tratar de preservarse de los horrores
de guerras futuras. Por lo tanto, buscan cómo regular, tratando
de impedir, en todas las El numeral 4° del artículo 2° de la
Carta establece la prohibición de la amenaza o del uso de la
fuerza por parte de los Estados Miembro. Es un principio de la
formación del organismo; la razón de ser de su existencia. La
gente dijo: si queremos sobrevivir no nos sigamos matando;
construyamos un mundo de paz; prohibamos la guerra, maldición de
la humanidad. Y reguló el uso de la fuerza, admitido por la Carta
solo en dos situaciones. En primer lugar, en caso de ser aceptado
por el propio Consejo de Seguridad ‑según lo establece el
artículo 42‑ y una vez agotadas todas las situaciones
previstas en los artículos anteriores del Capítulo VII. Y, en
segundo término, en la situación establecida en el artículo
51 del Capítulo VII, que regula el derecho inmanente de legítima
defensa individual o colectiva ‑fíjese, señor Presidente,
qué importancia tiene lo que dice‑ en caso de ataque armado
contra un miembro de las Naciones Unidas hasta tanto el Consejo de
Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz
y la seguridad internacionales.
Utilizando
palabras de Gros Espiell, solo la "unánimemente despreciada
y rechazada doctrina de la legítima defensa preventiva o
cautelar, podría pretender en vano justificar otra cosa".
Tengo en mi poder una declaración de la Facultad de Derecho,
suscrita por su Decano y por los Directores de los Institutos de
Derechos Humanos y de Derecho Internacional Público, que
establece lo que acabamos de decir en sus numerales 1), 2), 3) y
4). Sobre la guerra preventiva dice: "[...] A) Se ha dicho
que la intervención se fundaría en la aplicación del concepto
de legítima defensa preventiva, lo cual implica utilizar la
fuerza contra alguien antes de haber sido atacado, vaciando de
contenido el precepto. Por lógica y por el simple hecho de evitar
los abusos que la aceptación de tal figura implicaría en el
orden internacional, la legítima defensa preventiva no está
prevista en el ámbito del derecho internacional, siendo además
contraria a la noción misma de Derecho, el que solo se aplica a
acciones externas.- B) Se ha dicho que el fundamento legal de la
intervención se encuentra en la Resolución 1.441 de las Naciones
Unidas de noviembre pasado. Esto no es correcto, dicha Resolución
no incluye una autorización automática para usar la fuerza
armada en caso de que Irak no la cumpliera. De haber sido así no
hubiera sido aprobada por unanimidad. Queda claro de su lectura
que era necesaria otra Resolución para usar la fuerza si Irak no
cumpliera, lo cual no se ha logrado".
Este
concepto es, además del contenido en las opiniones que he leído
y en mi opinión como legislador que hace muchos años se dedica a
la política exterior en la Comisión especializada, la opinión
del Canciller de la República. No existe la más mínima duda. La
Resolución N° 1441 no habilita el uso de la fuerza de modo
automático. "Pero hay un hecho" ‑dice el
Canciller Opertti‑ "que va por encima de lo que pueda
ser nuestra interpretación ‑que no tiene más valor que el
de ser una interpretación‑" ‑la interpretación
del Canciller de la República‑ "y es que Estados
Unidos está buscando una nueva resolución. Quiere decir que si
está buscando una nueva resolución es porque no se siente
habilitado para automatizar el funcionamiento de la resolución
anterior".
Esto
es evidente, es claro; lo dijo el Canciller de la República. Esta
era la posición que venía sosteniendo el Uruguay. Esto es lo que
sostenía el Uruguay, según dijo el Canciller en la Comisión del
Senado, en el Parlamento y frente al Parlamento. Como comprenderá,
señor Presidente, rechazamos absolutamente que se nos pretenda
decir ahora que porque hay dos miembros del Consejo que señalan
que la Resolución N° 1441 autoriza el uso de la fuerza,
Uruguay no será árbitro en esta discrepancia. En la Comisión
nadie estaba pidiendo al señor Canciller interino Valles que
fuera árbitro de nada. Se le estaba pidiendo que no cambiara la
posición que Uruguay sostenía, que había estampado en las actas
del Senado y que es la única posición absolutamente clara que
corresponde frente a esto.
Que
esto es una guerra innecesaria e ilegal no lo discute nadie en términos
reales en el mundo; por lo menos, esta convicción la tiene todo
el mundo. Además de ser innecesaria e ilegal, tiene un componente
tremendamente cuestionable desde el punto de vista ético y moral,
y corresponde hablar de estas cosas. La expresión de la fuerza
sin la razón y el derecho que la justifiquen y la amparen,
califica a la misma. En este caso en particular, uno no solo tiene
derecho a hablar de la inmoralidad de esta guerra, sino que los
que la llevan adelante lo obligan a uno a hablar de la inmoralidad
de esta guerra, porque invocan valores fundamentales del ser
humano. Hablan de la vida, de la libertad, de la independencia, y
es inaceptable escuchar en silencio las tesis que se presentan en
esas invocaciones: "Porque quiero defender tu vida, te
mato", "Porque quiero defender la paz, te hago la
guerra", "Porque quiero que tengas libertad e
independencia, ocupo tu territorio". Es una contradicción
grotesca. Nadie tiene derecho a invocar valores de la humanidad
erigiéndose en representante de esos valores por sí y ante sí,
no solo no consultando, sino además yendo en contra de la
voluntad expresada de acuerdo a derecho por la comunidad
internacional y violando las normas que organizan la convivencia
entre los pueblos.
La
cuestión de Irak y el terrorismo ha sido desacreditada, como ya
dijimos, pero las características de esta guerra y la ausencia de
valores reales que invoca tienen que ver con un documento histórico
que me conmovió muchísimo. Me refiero a la carta de Robin Cook,
ex Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Tony Blair,
Presidente de la Cámara de los Comunes, que explica las razones
por las que deja el Gobierno el 19 de marzo. Dice así: "He
dimitido del Gobierno porque creo que se ha violado un principio
fundamental de la política exterior laborista. Si creemos en una
comunidad internacional fundada en normas e instituciones
vinculantes, no podemos simplemente dejarlas de lado cuando
producen unos resultados inconvenientes para nosotros.- No puedo
defender una guerra sin acuerdo internacional".
Más
adelante dice: "La cruda realidad es que se está pidiendo a
Gran Bretaña que se embarque en una guerra sin que haya acuerdo
en ninguno de los organismos internacionales de los cuales somos
miembro destacado. Ni en la OTAN. Ni en la Unión Europea. Ni
ahora tampoco en el Consejo de Seguridad [...]. El aviso de
Estados Unidos de una campaña de bombardeos que ha de 'espantar y
sobrecoger'" ‑se refiere al título que, traducido,
puede leerse como "conmoción y espanto" o "espanto
y sobrecogimiento"; ¡miren lo que es esto!‑ "hace
verosímil que las bajas se cuenten como mínimo por millares. La
fuerza militar iraquí es actualmente menos de la mitad de lo que
era en la última Guerra del Golfo".
Más
adelante continúa: "No podemos fundar nuestra estrategia
militar en que Saddam es débil y al mismo tiempo justificar un
ataque diciendo que es una seria amenaza. Es probable que Irak no
tenga armas de destrucción masiva en el sentido habitual de la
expresión. A saber, un artefacto creíble, susceptible de ser
lanzado contra objetivos urbanos concretos". Y obsérvese lo
que dice: "Es probable que tenga todavía toxinas biológicas
y municiones químicas para el campo de batalla". Y agrega:
"Pero las tiene desde la década de 1980, época en la cual
Estados Unidos vendió a Saddam los agentes de ántrax y el
Gobierno británico construyó sus fábricas de productos químicos
y de municiones". Más adelante pregunta: "¿Por qué es
tan urgente ahora emprender una acción militar para eliminar una
capacidad militar que lleva allí 20 años y que nosotros hemos
ayudado a crear? ¿Y por qué es necesario ir a la guerra esta
semana, si la ambición de culminar su programa nuclear"
‑se refiere al régimen de Saddam Hussein‑ "se ve
frustrada por la presencia de los inspectores de la ONU?".
La
verdad es que esto es una crudísima descripción de la
inmoralidad de una guerra. Si hay alguna guerra que merece un
calificativo de esta naturaleza ‑creo que todas lo
merecen‑, esta es, por definición, una guerra inmoral.
A
ello se le pueden agregar algunas reflexiones. Existen convenios
internacionales no votados por la primera potencia mundial que está
protagonizando, con la ayuda de Gran Bretaña, esta guerra
desatada. Estados Unidos no suscribe el Protocolo de Kyoto;
Estados Unidos suscribió, no ratificó y luego retiró la
suscripción del Tratado de la Corte Penal Internacional; Estados
Unidos no ha votado el Protocolo de 1995, en el marco del Convenio
de 1971 sobre control de armas químicas o biológicas; Estados
Unidos tiene varios contenciosos con respecto a convenios
relativos al control de armas de destrucción masiva y de armas
nucleares. Tanto es así que en una encuesta realizada en la
Europa clásica, en la Europa vieja, en la Europa Occidental
‑no en los países que integraban la vieja Europa del
Este‑, después de una campaña de saturación informativa
sistemática, tan intensa como no recuerda otra la historia del
mundo, definiendo a Irak como la principal amenaza a la seguridad
y a la paz mundial, el 87% de la opinión pública ‑escúcheseme
bien: el 87% de la opinión pública‑ de países gobernados
por Presidentes legitimados recientemente ‑como la Gran
Bretaña de Blair, la España del Presidente Aznar, la Italia de
Berlusconi‑, respondía que la principal amenaza para la
seguridad y la paz en el mundo eran los Estados Unidos de América.
Para
mí, y creo que para una cantidad muy grande de gente en el mundo
‑las encuestas lo dicen, por abrumadora mayoría, casi por
unanimidad‑, esta es una guerra innecesaria, una guerra ilegítima,
una guerra inmoral.
Antes
de pasar al siguiente capítulo, con mucho gusto doy una
interrupción al señor Diputado Díaz.
SEÑOR
PITA.-
Señor Presidente: con mucho gusto he dado la interrupción al señor
Diputado Díaz y le contesto en términos telegráficos. Sobre esa
interpretación histórica voy a hacer una referencia muy
desarrollada en el siguiente capítulo de mi intervención, cuando
hablaré de cómo asumir una realidad compleja en la vida del
mundo, peligrosa para el derecho internacional y para todas las
naciones que quieren la paz pero con dignidad.
Con
respecto a la visión idílica, no es tal. Desde ya dejo
constancia en la versión taquigráfica ‑no es necesario,
pero viene bien‑ de que considero al régimen de Saddam
Hussein como tiránico, oprobioso, violador sistemático de los
derechos humanos, protagonista de verdaderos genocidios con esas
repudiables armas químicas que le fueron suministradas para
utilizar contra su propio pueblo, contra etnias minoritarias.
También
digo que si esto es motivo para desencadenar algo así en todos
los países acusados de conductas similares, de violaciones a los
derechos humanos o de tener reales o supuestas e invocadas
fundadas sospechas de vinculaciones terroristas, creo que estaríamos
configurando la vigencia plena y absoluta de la ley de la selva.
Si esto es así, salvo Irán, que tiene un sistema electoral de
continuidad democrática permanente pero muy particular, en
convivencia con un poder religioso muy decisivo en la toma de las
principales acciones del Gobierno, prácticamente ninguno de los
Estados vecinos de la región ‑aclaro, casi todos aliados de
los Estados Unidos, en los que este país tiene bases militares y
con los que tiene permanentemente negocios de toda índole y
comparte intereses de todo tipo; precisamente ahora están
atacando a Irak‑ tiene un régimen democrático. No hay casi
ninguno que no haya sido objeto de denuncias por violaciones
sistemáticas a los derechos humanos y muchos de ellos han sido,
una y otra vez, acusados de tener vínculos con el terrorismo
fundamentalista islámico, a diferencia del régimen iraquí.
Nada
justifica que una nación, por sí y ante sí, pretenda hacer
justicia por mano propia y transformarse en la policía del mundo,
barriendo con cuanta cosa se le ocurra, sin reconocer límite
alguno del derecho internacional y del derecho de las naciones que
habitan este planeta.
El
tercer capítulo, que titulo "La agresión desatada", es
muy breve. Se ha dado la confirmación del horror. Si habíamos
pensado que esto iba a ser un espanto, nos quedamos cortos. Por
encima de todos los horrores que sabíamos que se iban a vivir,
creo que casi nadie se imaginó que el horror iba a durar tanto
tiempo como está durando y mucho menos que fuera a durar más
tiempo, como parece que va a durar. ¡Es una cosa espantosa!
Los
cables que llegan son impresionantes. Los términos utilizados son
repugnantes. Uno está asqueado de escuchar hablar de "bombas
inteligentes", de "bombardeos quirúrgicos", de ver
cómo las bombas inteligentes, los misiles y las operaciones quirúrgicas
caen encima de las casas de la gente, en los mercados, en
cualquier lado y revientan a las familias, matan a todo el mundo,
pero no caen en un solo pozo petrolero. ¡Es una cosa terrible!
Una
presentación increíble fue la de las primeras imágenes
nocturnas del bombardeo a Bagdad que trasmitió la CNN y que
llevaron a que mi hija más chica, que tiene dos años y tres
meses ‑mire lo que voy a decir, señor Presidente‑
preguntara a su madre si eran fuegos artificiales. Es una
presentación increíble de este tema. ¡Todos los días nos
llegan imágenes así! Vimos lo que pasó con la primera bomba o
misil atribuido por el Jefe de Operaciones en el terreno del Pentágono
al Gobierno iraquí; también vimos los horrores de una bomba en
el mercado y luego de otra. ¡No sé qué es lo que pasa!
Sobre
el horror y la muerte cabe citar un cable de AFP de hace pocas
horas, referido a Janabiyé ‑zona ubicada al sudeste de
Bagdad‑ en el que se dice: "[...] está sembrado de
cuadernos de escolares ensangrentados, de ropa de niños
desgarrada, en medio de cadáveres de vacas descompuestos y
malolientes que le da un aspecto desolador.[...], se aprecia el
edificio central que fue pulverizado, un segundo que se encuentra
calcinado y el tercero parcialmente destruido. Según un vecino,
dos misiles sorprendieron a las cinco familias del lugar mientras
dormían, en la noche del 29 al 30 de marzo, dejando 20 muertos,
once niños, siete mujeres y dos hombres. Otras 10 personas que
resultaron gravemente heridas fueron trasladadas al
hospital". Más adelante agrega: "'En esta casa, cinco
niños se convirtieron en antorchas vivientes por los tanques de
gas que había', relató uno de los dos sobrevivientes que se
preguntan aún como Dios los salvó, mientras los otros cuatro
miembros de otra familia resultaron heridos". Luego dice:
"Quieren que los recibamos con flores. Miren lo que le han
hecho a nuestras familias".
Estas
cosas que publican algunos medios de comunicación, insospechados
de tener preferencias por el espantoso y repudiable régimen de
Saddam Hussein, tienen que ver con otras reflexiones. Vuelvo a
citar a Cook, que dice: "Si es realmente tan difícil
controlar la ruta que lleva a Bagdad e intentar progresar hacia
Basora, ¿qué pasará cuando estemos en Bagdad? ¿No sería mejor
reconocer que debemos retirarnos?". En un duro artículo
periodístico, Robin Cook acusó al Presidente norteamericano y a
su Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, de no saber qué hacer
ahora que sus esperanzas de una capitulación rápida del régimen
iraquí parecen esfumarse. Él dijo: "Nadie debería comenzar
una guerra con la hipótesis de que el ejército enemigo va a
cooperar. Sin embargo, eso es exactamente lo que ha hecho el
Presidente Bush [...] No hay forma más brutal de hacer la guerra
que un sitio. La gente pasa hambre [...]. Los niños mueren".
Con esto Robin Cook no se refiere a lo que ha pasado, sino a lo
que va a pasar si la estrategia anunciada por Donald Rumsfeld se
aplica. Donald Rumsfeld ha anunciado que va a aplicar una nueva táctica:
antes de entrar en Bagdad, instalarse en el exterior de la ciudad
y esperar a que las fuerzas que la defienden se rindan.
El
sentimiento que uno experimenta es contradictorio; uno no sabe cómo
rogar a Dios que esto termine, si pidiéndole que ilumine a Bush,
a Blair y a los ciudadanos que todavía los apoyan, o pidiéndole
a Hussein que se rindan cuanto antes o que se vaya. ¡No sé qué
hay que hacer para parar esto! ¡Lo que uno lee es terrible! Uno
escucha las informaciones de las peleas que hay entre el Gobierno
de Gran Bretaña y el de Estados Unidos por las concesiones a las
empresas para la reconstrucción de las cosas que la guerra
destruye. No voy a hablar acerca de si la empresa adjudicada para
reconstruir el único puerto del sur de Irak, destruido por la
invasión en la primera fase, es del Vicepresidente... ¡Yo qué sé!
Esa es una cuestión que tiene que resolverse en Estados Unidos,
pero es algo terrible. Están discutiendo de quiénes van a ser
los derechos para hacer los contratos con las empresas para la
reconstrucción de algo que todavía no han terminado de destruir;
no ya de los contratos petroleros, sino de las empresas que van a
reconstruir la infraestructura de los puertos, de la caminería,
etcétera, de uno de los países más ricos del mundo. ¡Si habrá
para conseguir plata! Y esto no tiene nada que ver ‑olvidé
contestar esto al señor Diputado Díaz‑ con el programa de
ayuda y de intercambio de petróleo y alimentos. Lo que dije fue
que el programa que las Naciones Unidas había estructurado para
tratar de mitigar los efectos devastadores en la población de
Irak debido a los bloqueos salvajes a los que ha sido sometida,
era rigurosamente controlado y que el Consejo de Seguridad, tan
criticado, se había ocupado estricta y celosamente de que no
fuera un solo centésimo de ese programa, organizado por las
Naciones Unidas, a los bolsillos del régimen de Saddam Hussein, a
fin de que no fuera destinado a comprar armas o cualquier otra
cosa.
Es
realmente una guerra espantosa; uno tiene hasta la impresión de
que Gran Bretaña está resultando un aliado molesto, como si a
esta altura Estados Unidos quisiera estar hasta solo en este
emprendimiento ‑estoy hablando desde el punto de vista
estratégico militar y no político‑, a efectos de definir,
también por sí y ante sí, sin tener que andar discutiendo con
Tony Blair y con el Gobierno de Gran Bretaña, los contratos en
función de esta guerra para la cual se invocaron valores humanos
fundamentales de la civilización.
Quiero
hacer una última reflexión sobre este capítulo y luego pasaré
al final de mi intervención. Me quiero referir a la cobertura
informativa de esta agresión. Si no fuera por la actitud
valiente, corajuda y firme de una buena cantidad de periodistas
del mundo, de todas las naciones, sería difícil que conociéramos
la parte que suponemos es solo una porción de lo que allí se está
viviendo. Sé que este horror lo compartimos absolutamente todos;
que a nadie se le vaya a ocurrir pensar que quien habla puede
tener la insensatez y hasta la falta de humanidad de pensar que no
les importa a los colegas de la Cámara, por lo menos, de la misma
manera que a mí, lo que está pasando; esto debe quedar
absolutamente claro.
La
conclusión en este capítulo es la misma que en el segundo; todo
lo que dijimos sobre la guerra antes de que empezara lo
reafirmamos un millón de veces más fuerte y más convencidos
después que empezó. Los hechos no hacen más que confirmar el
incalificable sentimiento de horror, de indignación, de
impotencia y de repudio que sentimos por esta barbarie. No hay
nada bueno que se pueda hacer de esta manera; absolutamente nada
bueno se construye para la humanidad con esto.
El
capítulo cuarto se refiere a qué hacer frente a esto. ¿Qué se
puede y se debe hacer frente a esto, ante el horror de la muerte,
la destrucción y la desolación humanas, ante el horror del daño
a las Naciones Unidas, ante el ataque a los principios
fundamentales que le dieron origen, ante la involución histórica
que significa regresar del siglo XXI al XIX, pero con la tecnología
de destrucción y de muerte del siglo XXI, ante los peligros de
una guerra que cada vez el mundo teme que se extienda primero a
todo el mundo árabe y después más allá, peligro que otros
compañeros desarrollarán con datos concretos de estudios estratégicos
especializados en el tema. Frente a todo esto ¿hacia dónde
vamos? A un mundo que puede determinar que la teoría y la práctica
de la guerra preventiva se extiendan a otras supuestas amenazas a
Estados Unidos y a Gran Bretaña. Pero que también puede llevar a
que la práctica de la guerra preventiva se extienda a terceros países
y a que, si se legitima este ejemplo práctico, a Pakistán se le
ocurra aplicarlo contra la India, ¿o acaso Pakistán tiene un régimen
democrático? ¿O acaso Pakistán no tiene denuncias de
violaciones a los derechos humanos? ¿O Pakistán no tiene un régimen
agresivo? ¿O acaso Pakistán no tiene la bomba atómica, y no la
tiene para jugar a las damas? ¿Qué pasaría si a Pakistán se le
ocurriera pegar un bombazo atómico a la India porque se siente
amenazado, o viceversa, si lo hiciera la India porque tiene miedo
y se siente amenazada por Pakistán? ¿O a Rusia con respecto a
Ucrania, y viceversa, que tienen bombas atómicas? ¿O a las
Coreas entre sí?
¿Qué
pasaría igualmente con países que no tuvieran bombas atómicas,
pero supongo que sí armas muy poderosas? En el territorio
latinoamericano, si esta fuera la manera de proceder, a algún país
de este continente se le ocurriría, con algún apoyo estratégico,
invadir otra nación para prevenirse de posibles agresiones. ¿O
acaso no hay tensiones en las fronteras entre naciones de América
Latina que constituyen un peligro potencial de conflictos gravísimos,
con una acumulación de armamento terriblemente peligrosa, como
está ocurriendo en el entorno colombiano, debido al tremendo
problema del terrorismo, del narcotráfico y de los problemas
internos que se están dando en esa nación?
Nos
quedan dos opciones. Una de ellas es la vía del pragmatismo, sin
anclaje en valores ni en principios, que implica la legitimación
por el acuerdo, el silencio cómplice, la comprensión, la
resignación, el cálculo, la especulación y su inevitable
consecuencia: la descapitalización política ineludible y la
descapitalización ética de quien elija ante su propio pueblo una
opción de esta naturaleza ‑que es lo más importante de
todo‑, pero también ante la potencia poderosa que se
pretenda atender, lo que termina habitualmente saliendo mal en los
cálculos. Me refiero a la consecuencia de quedarse con un mundo
regulado por un edificio institucional vacío de contenido real.
De aquí en más, si no salimos en su defensa real, solo podrá
funcionar cuando la potencia hegemónica quiera, con organismos
que serán citados solo cuando el poder hegemónico quiera, para
tratar los temas que el poder hegemónico quiera y en la
oportunidad y el tiempo en que el poder hegemónico quiera. Eso es
lo que ya está pasando, cuando se difunden al mundo entero
documentos, con papeles o sin ellos, trasmitidos de manera oficial
u oficiosa, en los que se les trasmite a las naciones que una
convocatoria a la Asamblea General será tomada como un acto
contra Estados Unidos y que tal posición en el Consejo de
Seguridad será considerado un acto contra Estados Unidos. Ese es
el destino del edificio construido sobre la base del derecho
internacional que le espera al mundo si no reacciona con toda la
inteligencia posible, con toda la mesura y la prudencia que los
hechos determinen, pero con la claridad, los principios y los
valores que deben guiar la acción en el escenario mundial.
Esto
tendrá otras consecuencias. Adoptar un camino de estos implica,
para el Uruguay, abandonar en términos dramáticos la política
exterior de Estado que reconoció permanentemente ejemplos en esta
materia, y significa adoptar otra. Significaría adoptar en el
mundo una postura de comprensión frente a la acción ilegal; de
neutralidad frente a la violación del derecho; de no ser árbitro
de esa violación flagrante del derecho que se ha cometido y de no
señalarla; de callarnos y construir un destino nacional diferente
en donde los principios no serán el anclaje de nuestra acción;
en donde los valores que instrumente el organismo que organice
esos principios no serán el punto de referencia guía de nuestra
acción; en donde nos condenaremos a acompañar, haciéndonos
cargo de la responsabilidad política, los emprendimientos que
como este, en el futuro, la potencia hegemónica del mundo decida
realizar en cualquier lugar del planeta.
Esto
es lo que yo creo que está pasando. ¿Cuál es el otro camino que
nos queda? Es el camino de la defensa de los valores y de los
principios. No otra cosa que valores fundamentales son los que los
hombres de la Tierra trataron de defender cuando construyeron las
instituciones de la posguerra mundial, buscando regular de manera
civilizada la convivencia entre las naciones. La ONU del mundo y
la Unión Europea son creaciones humanas para defender la vida y
la libertad de los pueblos, para que no se sigan matando entre
ellos, para no seguirse matando entre los hombres y para tratar de
defender la mayor libertad posible de cada ser humano y de cada
comunidad nacional que conforma la base de los Estados.
En
ese sentido, quisiera leer una cita del Canciller de la República,
doctor Didier Opertti. Dice así: "Los Principios que inspira
Naciones Unidas son en definitiva valores, porque cuando uno
observa la Organización, observa que esta nació al rescate de
valores fundamentales, como son la paz y la seguridad. Fue la
respuesta a una catástrofe, pero luego fue la afirmación de un
modo de entender el mundo internacional. La pregunta que cabe
hacernos cada uno de nosotros en nuestra responsabilidad en
Naciones Unidas o con respecto a Naciones Unidas es: ¿esos
valores son de administración exclusiva de Naciones
Unidas?". Atiéndase bien lo que estoy leyendo, señor
Presidente: "¿Es ella la única que tiene el deber, la
obligación, la perentoriedad de consagrarlos, de obedecerlos, de
ponerlos en práctica, o son también con ella y dentro de ella
los Estados, que han de observar y fomentar esos valores? [...] La
responsabilidad por la observancia de los valores es una
responsabilidad compartida. En definitiva, no existe un centro de
imputación exclusiva de valores. Los valores permean por ósmosis
al conjunto de las naciones, y por cierto de las naciones a las
organizaciones y de estas a las naciones". Más adelante
expresa: "[...] es evidente que la responsabilidad por la paz
y la seguridad, la preservación a través de tomas de decisión
adoptadas institucionalmente, es de las Naciones Unidas. Pero son
los Estados los que tienen básicamente la obligación de observar
ese código que Naciones Unidas preserva en el nivel de la
comunidad internacional, y que cada uno debe preservar al interior
de su respectiva jurisdicción y en relación a la acción fuera
de fronteras".
Y
continúa: "Naciones Unidas, en definitiva, no es sino un
instrumento, no es sino un escenario adoptado por los países. Las
Naciones Unidas tienen una vida que proviene y nace de la toma de
decisiones de sus órganos, pero en definitiva quienes inspiran
esa voluntad y ese poder de decisión son los Estados. Y los
Estados tienen aquí una suerte de vademécum de referencia del
cual no pueden sustraerse, que es ese código de conducta
internacional adoptado en la Carta de San Francisco. Y ese código
de conducta internacional no tiene un solo veedor, un solo
tutelador, un solo guardián. Cada Estado es también o debe ser
guardián de ese propio código tutelador. Para que Naciones
Unidas no sea la suma de las patologías asociadas en conductas
erráticas o imprevisibles infractoras de la Carta [...]".
Esta
definición de las Naciones Unidas que hace el doctor Opertti
centra en dos conceptos clave una respuesta al quehacer de la
hora: la defensa de valores y la responsabilidad que los Estados
tienen para que las Naciones Unidas tengan el sustento de los
valores que le dieron su propia vida y su propia existencia. Esta
reflexión es clara, es la guía. Si los Estados nacionales no
salen al rescate del edificio institucional sobre el cual se
regulaba la convivencia entre naciones, grotescamente dañado por
estas decisiones, nadie puede hacerlo. No hay nadie que lo haga
por nosotros; no hay nadie, señor Presidente. Y si no lo hacemos,
nos vamos a condenar al papel que señalaba en la primera opción:
el pragmatismo sin anclaje en los valores.
Hasta
ahora, Uruguay no ha hecho otra cosa que recorrer el camino que he
relatado. Antes de la Guerra Fría, durante la Guerra Fría y
después de la Guerra Fría, Uruguay ha recorrido este camino. Ha
recorrido este camino en circunstancias dificilísimas.
El
mismo pequeño país, Uruguay, hizo lo que relata el Canciller
Opertti cuando decía: "Casi nadie recuerda que cuando se
produce el ingreso de fuerzas militares en Panamá, el Consejo
Permanente de la OEA rechaza ese acto como una acción unilateral
producida por los Estados Unidos. Era yo entonces Embajador, y allí
el Consejo Permanente ‑que me tocaba presidir‑ no
convalida ese acto". Era el mismo Uruguay, la misma pequeña
nación, defendiendo valores, aplicando principios frente a la
misma potencia hegemónica.
Ya
en ese momento el Pacto de Varsovia estaba disuelto en términos
prácticos; el COMECON no era más que una formalidad que se
derrumbaba en esos tiempos; ya la perestroika de Gorbachov estaba
en proceso de liquidación de la vieja Unión Soviética; Estados
Unidos tenía todo ese gigantesco poder militar de la época y
Uruguay salió a decir, presidiendo el Consejo Permanente de la
OEA, que no convalidaba ese acto unilateral contrario a derecho.
No es que no se animaba a ser árbitro de una discusión; o que si
le preguntaban a Estados Unidos, Estados Unidos iba a generar
unanimidad en el Consejo Permanente para decir que era legal su
acción de invasión militar. Es impresentable ese argumento.
Esto
es lo que dice el doctor Opertti sobre el tema: "[...] ese
acto estaba dirigido a obtener la detención de una figura que
nadie defendía en términos personales o en términos de otra
naturaleza ‑el General Noriega‑, pero que ponía en
juego la integridad de una nación que estaba siendo objeto de una
invasión simplemente para producir la detención de esa persona.
Jamás quizás se dispuso en el mundo de un aparato militar más
poderoso y más sofisticado para detener a una persona que en ese
instante. La OEA no convalida ese acto, la OEA sale al cruce de
ese acto y hace un pronunciamiento de rechazo".
Quien
promueve eso es un pequeño país que en esa época ya era tan
pequeño como ahora porque, que yo sepa, la mayor trayectoria histórica
no aumenta el territorio ni hay ningún otro factor material que
lo agrande.
Hay
otro ejemplo concreto, mucho más importante y trascendente, y más
cercano en el tiempo. Me refiero al tema de la guerra de los
Balcanes. Aquí el escenario son las Naciones Unidas. En las
Naciones Unidas, el Canciller Opertti, de este pequeño país, que
tenía el mismo tamaño que ahora y que antes, decía: "Quizá
pudiéramos discutir ese tema" ‑se refería a una
interpretación del artículo 53 de la Carta‑ "pero
en todo caso lo que no podemos discutir, lo que no admite a
nuestro juicio dos opiniones ‑no por dogmatismo sino por
imperio de la norma‑ es que no es un grupo de Estados el que
puede por sí y ante sí decidir si allí se dan las condiciones
para intervenir". En esa época la doctrina invocada era
otra: era la doctrina de la intervención humanitaria. No tenía
nada que ver la doctrina en juego, pero era la respuesta al
concepto de que ni un Estado ni un grupo de Estados, por más
poderosos que sean, pueden decidir por sí y ante sí, violando
las normas del derecho internacional, intervenir en otro país.
Frente
a ese hecho también histórico en el mundo, el doctor Opertti se
preguntaba cuáles son nuestros seguros, qué nos preserva nuestra
identidad nacional, en nuestra vocación de pueblo independiente,
soberano, con perfiles propios. Y se respondía: "El respeto
por el Derecho". No existe ninguna otra garantía. Y continúa:
"El Derecho es el escudo de los débiles ha dicho Gamio; yo
diría que es el escudo de los débiles y también el de los
fuertes, porque los fuertes solo son fuertes si obedecen al
Derecho". Más adelante expresa: "Es probable que el
Consejo de Seguridad" ‑seguimos en el tema de los
Balcanes y de Kosovo‑ "se vuelva a ocupar del asunto.
Es probable que haya alguna resolución más del Consejo y que
China y Rusia no utilicen el veto. Pero también pensamos"
‑escuche bien, señor Presidente‑ "que si
Naciones Unidas, en su próxima Asamblea General, no es capaz de
recuperar" ‑entiéndase bien lo que decía el doctor
Opertti: era una decisión unilateral no solo de Estados Unidos;
era de Estados Unidos y de todos los poderosos miembros de la OTAN
juntos‑ "un discurso de reivindicación del Derecho por
sobre la fuerza, habrá traicionado el espíritu de sus creadores
y la letra de su Carta. Y de ello va a depender en gran medida la
suerte de aquellos Estados que hoy ven en ese espejo
internacional, no un juego de poderes sino una articulación de
pensamiento. Por eso me parece que este debería ser un tema que
puertas adentro de esta Universidad y de otras, puertas adentro de
este país, y de otros, puertas adentro de esta región y de
otras, se convirtiera en una clara señal de opinión pública.
Creo que ningún Estado se puede substraer a ella, ningún grupo
de Estados puede desconocerla. Me alarma un Alain Touraine
defendiendo la acción de la OTAN en Le Monde, pero me reconforta
un Carlos Fuentes repudiándola. Yo creo en eso". Así
terminaba diciendo el señor Opertti.
¿Es
o no es una tradición nacional esto que acabo de decir? ¿Es o no
es un pilar fundamental de la política de Estado que identificó
al Uruguay, este tipo de posiciones? ¿Han sido o no ejemplos de
dignidad los que ha dado el Uruguay al mundo en la defensa de
valores y de principios? Y sobre esa base ha construido el capital
político que citábamos al inicio de esta intervención, según
dijera el primer Canciller democrático de la etapa posdictadura,
el contador Iglesias, hoy Presidente del Banco Interamericano de
Desarrollo. ¿Cuál es el camino? Ese que está señalado, el que
ya hemos recorrido con el apoyo de todos los partidos y también
con el apoyo de toda la opinión pública y de la nación, que
sabe perfectamente entender las modulaciones del lenguaje diplomático,
porque es por lo menos igual de culta que nosotros, los dirigentes
de un Parlamento o los miembros de un Poder Ejecutivo. Cualquier
uruguayo es por lo menos igual de culto, de inteligente, y capaz
de entender y descifrar cuestiones de concepto y cuestiones de
palabras.
¿Por
qué Uruguay hacía esto? Lo hacía porque era la manera de
mantener una identidad nacional. Lo hacía porque era la manera de
hacerse respetar en el mundo, porque no tenemos otra. Lo hacía,
además, porque esa postura pagó siempre bien a la hora de luchar
con mayor o menor éxito, con más o menos dificultades en la
defensa de los intereses materiales.
He
escuchado algunas cosas terribles de algunos periodistas y
analistas políticos, que dijeron la tamaña barbaridad de que con
los principios no se come. Nosotros respondemos permanentemente
que con los principios se vive, que con los principios se come,
que con los principios se es libre y que con los principios se
puede luchar en la vida por mejorarla y hacerla más feliz. Es
también una posición que muestra la voluntad de incidir, de ser
protagonista en el mundo, de ser constructor de un destino.
¿Cómo
venía Uruguay procesando este tema? Aquí voy directamente a la
parte final. Con matices, como ya señalamos, venía procesándolo
en una línea de conducta que, aunque para nosotros insuficiente
por los motivos que ya explicamos en un capítulo anterior, era
compatible con esta tradición. Es más: después de la declaración
de guerra y del ultimátum pronunciado en el discurso del señor
Presidente Bush, en declaraciones formuladas en el exterior
‑creo que en Asunción; tengo aquí las publicaciones‑
el Canciller Opertti describía en los siguientes términos la
realidad del mundo: como la ley de la selva, frente a la cual teníamos
que reaccionar saliendo al rescate del derecho.
La
verdad es que todos estos antecedentes que obraban en el Uruguay,
de acuerdo con la mejor tradición nacional, van en una dirección
inversa a la de la declaración del Poder Ejecutivo que vamos a
desarrollar.
La
declaración fue dada a conocer de la manera que comentamos, en
forma absoluta y deliberadamente inconsulta, violentando un
compromiso asumido por la Cancillería en cuanto a realizar las
consultas correspondientes. Su contenido nos resultó
decepcionante ‑nosotros la calificamos duramente‑,
constituyendo el centro de nuestro cuestionamiento, que
sintetizaremos a continuación.
Esta
declaración invoca principios fundamentales de la política
exterior uruguaya y, frente a los hechos, luego resuelve declarar
cosas que no defienden esos principios como deberían, ni honran
las tradiciones nacionales.
El
primer resultando es el más grave de todos. Leído del derecho y
del revés, genera, no solo en nosotros sino prácticamente en
todos, las mismas opiniones políticas y periodísticas, salvo las
del Partido de Gobierno. Claramente, esto traslada al Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas y a las Naciones Unidas la
responsabilidad de la agresión bélica desatada. No se dice una
palabra ‑invito a que alguien la encuentre‑, no hay
una sola letra ni un punto o una coma ‑si los puntos y comas
pudieran significar algo‑ que tengan que ver con la
responsabilidad de los Estados que en forma unilateral han
decidido el inicio de una acción bélica en desconocimiento del
derecho internacional, configurando por tanto un acto ilegítimo.
Ni directa ni indirectamente hay una afirmación programática de
compromiso activo en defensa de la paz. No se pide el cese de
hostilidades. No se plantea el respeto de la integridad
territorial del país invadido ni el retorno inmediato ‑como
corresponde en este caso‑ de este tema al ámbito de los
organismos competentes de las Naciones Unidas. ¡Ni qué hablar de
que no se pide la convocatoria de la Asamblea General de las
Naciones Unidas!
Y
digo, absolutamente convencido, que si las Naciones Unidas no se
reúnen ahora para analizar la situación que vive el mundo, por
muchísimo tiempo en el futuro, salvo que se convoque con el
permiso de Estados Unidos y de Gran Bretaña para tratar los temas
que Estados Unidos quiera y en la oportunidad que ese país lo
desee, este organismo no va a ser convocado más. Este organismo
no solo tiene el deber sino la obligación de reunirse para tratar
la situación del mundo. Es clarísimo que puede y debe ser
convocado con procedimientos contemplados en sus anexos
reglamentarios, sencillísimos de instrumentar si existen las
voluntades políticas. Y si no se reunieran las voluntades políticas,
igual habría que hacer el intento porque, de lo contrario, estaríamos
legitimando, con nuestra inacción y nuestra omisión, lo que está
pasando en el mundo con el derecho internacional, además de los
horrores de esta guerra.
El
diario "El País" ‑no un diario de
izquierda‑ titula de la única manera que interpretaron
todos la declaración uruguaya: "Gobierno criticó al Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas". ¿Qué otra cosa
entendieron quienes escucharon y leyeron esta declaración? Por si
fuera poco el texto, tan interesante como él resulta leer las
preguntas. Miren las preguntas que algunos periodistas formulan al
Canciller interino en la publicación de la Presidencia ‑no
sé si es todo; me imagino y descuento que sí‑:
"Periodista: ¿Qué visión se tiene a nivel uruguayo de la
actitud de los Estados Unidos," ‑¡miren la
pregunta!‑ "que un poco desoye el mandato del Consejo
de Seguridad de la ONU y decide atacar Irak?". Diría que el
periodista fue más que prudente, recatado, al decir "que un
poco desoye el mandato del Consejo de Seguridad de la ONU y decide
atacar Irak". La respuesta del señor Canciller interino
Valles es muy importante. Dice: "En primer lugar, el Consejo
de Seguridad finalmente no tomó posición". ¡Miren
ustedes!: no tomó posición. "Esto es bien claro para
todos". Me declaro absolutamente incapaz de comprender la lógica
que anima estas declaraciones porque esto no tiene claridad para
nadie. Y continúa: "Aquí no se está desoyendo a un Consejo
que haya emitido una opinión compartida". Resulta que los
reglamentos que regulan la manera en que toma decisiones un
organismo de la importancia del Consejo de Seguridad de la ONU no
tienen validez, aunque sean respetados, si la resolución no es
compartida por todos. Quizás el Canciller haya querido decir:
"que haya emitido una opinión compartida por algunos".
¡Esta respuesta es impresentable!
Aquí
lo que tenemos es que el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas no llegó a un acuerdo. Y el punto en el que no llegó a un
acuerdo fue autorizar el uso de la fuerza. Por lo tanto, la
resolución está vigente y quien la desconoce, desconoce el
mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No hay
una interpretación realmente sensata que pueda sustentar lo
contrario.
Después
dice: "Va de suyo, va de suyo, que el Uruguay lamenta
profundamente que las decisiones no se hayan tomado dentro del
Consejo de Seguridad". Y bueno, ¡bárbaro!, pero ¿por qué
no se dice? No solo no lo dice la declaración, sino que no lo
dice la respuesta aclarativa de la declaración ante la pregunta
que le hacen sobre ella. Es algo que realmente no puedo comprender
del Canciller interino.
Otro
periodista le pregunta al Canciller interino: "Pero no
podemos olvidarnos [...] que de esta forma Uruguay estaría
aceptando el concepto de guerra preventiva, entonces". Esto
le pregunta el periodista; no debe ser un periodista que quiera
molestar al Gobierno. Y el Ministerio declara: "Ese es un
concepto que está en el debate, ese es un concepto que está en
la discusión académica". ¡Por favor, señor Presidente! ¡Eso
es una barbaridad! ¿Discusión académica? ¿De qué está
hablando? Discusión académica habrá tenido no sé en qué
academia. Discusión y pico, si quiere. Agrégueme veintiocho mil
quinientas conferencias discutiendo, pero la guerra preventiva se
instaló y llegó para quedarse, si no la denunciamos y no la
rechazamos, si no decimos por lo menos que esto es inaceptable. ¿Qué
discusión académica? ¡Están masacrando al pueblo de una nación
en función de esa doctrina y dicen que es un concepto que está
en el debate y que es una discusión académica! Esa no es una
respuesta aceptable; absolutamente no lo es, señor Presidente.
Rechazo terminantemente este tipo de afirmaciones.
SEÑOR
MINISTRO INTERINO DE RELACIONES EXTERIORES.-
¿Me permite una interrupción?
SEÑOR
PITA.-
Le pido disculpas al señor Canciller, pero permítame terminar
este concepto que es la clave de mi intervención.
Lo
digo con toda sinceridad y con todo respeto; en ningún momento
nadie quiere ofender a quien piensa lo contrario. Yo tengo una
convicción profunda acerca de lo que está pasando. Tengo mis
sentimientos y los expreso como me sale de adentro. Esta declaración,
para mí, es decepcionante, es contraria a la tradición nacional,
es una posición que tira por tierra la política exterior de
Estado, que no respeta los principios fundamentales que la
identifican, que implica un cambio de rumbo estratégico en las
prioridades de la inserción de Uruguay en el mundo y que
significa renunciar a la defensa de la institución y de las
legitimidades en el mundo del derecho internacional. Significa
renunciar a construir el mundo en el que estamos, para hacerlo
distinto; significa resignarse a la unipolaridad de la hegemonía
dominante y no pretender cuestionar los efectos negativos que
sobre todos los países, sobre el orden internacional y en
particular sobre las pequeñas naciones del mundo tiene esa
unipolaridad; significa echar por tierra los conceptos construidos
hasta ahora en torno a la necesidad de crear una nueva
multipolaridad para tener un poco más de libertad y para tratar
de sobrevivir en este mundo cada vez más hostil.
A
mí me resultó indignante, y cuando digo que a mí me resultó
indignante yo no estoy lanzando a nadie ningún agravio. A mí me
indigna porque no considero que esta declaración interprete las
mejores tradiciones del país en una situación que marca en términos
profundos la vida de los seres humanos, la vida de los pueblos y
de las naciones.
Realmente,
no comparto esa posición. Se podrá decir cualquier cosa sobre la
pertinencia de una interpelación. Respetuosamente, creo que
hubiera sido una barbaridad, pensando lo que pensamos, no hacer la
interpelación, más allá del resultado, que evidentemente me
importa, porque yo quiero la reconstrucción de una política de
Estado. Quiero rectificar el rumbo que adopta el Gobierno y quiero
terminar con la apuesta a un bilateralismo excluyente, a todas
luces evidente, más allá de la sistemática invocación de que
no es excluyente, de que no se trata de bilateralismo y de que no
se olvidan otras preferencias y otras apuestas. La práctica
sistemática de los últimos tres años ha ido marcando un rumbo
que no es el que nosotros queremos para el país.
Yo
termino esta primera intervención, señor Presidente, sin hacer
una lista de preguntas concretas pero extensas, como muchas veces
suele hacerse en este tipo de casos. No me gusta hacerlo. Los
cuestionamientos creo que son evidentes, ya que surgen
notoriamente. Lo digo con total franqueza, pero hablando
claramente: surgen de la interpelación, de esta exposición.
Después debatiremos, en función de lo que nos digan, y
defenderemos aspectos que no estén cubiertos, pero que surgen con
claridad, sobre todo a partir de las opciones que sentimos tenemos
ante nosotros. Rechazamos totalmente una que ‑creemos‑
es la que ha tomado el Gobierno y reivindicamos la otra que, a
nuestro juicio, ha abandonado y que es la que interpreta mejor a
la nación y a los partidos políticos de este país.
Por
lo tanto, formulamos tres preguntas, cada una de ellas más que
simples y escuetas, pero que ameritan respuestas categóricas, sin
ambages, diferentes a las que se han dado, que ‑me
parece‑ son absolutamente inadecuadas para un nivel de
discusión franco y sincero, como creemos debe tener esto.
La
primera pregunta, señor Presidente, es si el Poder Ejecutivo
considera que esta guerra de agresión desatada unilateralmente
por el Gobierno de los Estados Unidos contra la República de Irak
y apoyada por el Gobierno del Reino Unido constituye un acto ilegítimo.
Acá la única respuesta que se pide y exige al señor Ministro
interino, señor Presidente, es que diga si considera que sí o
que no. Reitero: ¿considera que esta guerra de agresión desatada
unilateralmente por el Gobierno de los Estados Unidos contra la
República de Irak, apoyada por el Gobierno del Reino Unido,
constituye un acto ilegítimo? ¿Sí o no?
La
segunda pregunta es la siguiente: más allá del lenguaje, ¿el
Poder Ejecutivo está dispuesto a pronunciarse oficialmente en ese
sentido? Pedimos, exigimos como parlamentarios de la oposición y
Representantes de la nación ‑lo somos todos‑ que se
nos responda sí o no.
En
tercer lugar, ¿el Poder Ejecutivo está dispuesto a pronunciarse
oficialmente pidiendo el cese de las hostilidades, la restauración
de la paz y el respeto a la integridad territorial de Irak?
Pedimos y exigimos una respuesta categórica, afirmativa o
negativa, por sí o por no.
Es
cuanto queríamos decir en esta primera intervención, señor
Presidente.
SEÑOR
PITA.-
Señor Presidente: haciendo un esfuerzo muy grande de concentración
en los aspectos centrales ‑diría yo‑ de la exposición
de la Cancillería, quiero decir, en primer lugar ‑la
interrupción que solicitaba tenía que ver con esto último‑,
lo siguiente.
Relaté
con claridad la discusión que tuvimos con el Canciller en el
Senado. Se estaba exigiendo al Canciller ‑y leyó bien,
porque leyó lo mismo que quien habla: leímos todo lo que se dijo
allí‑ una respuesta frente a la invocación de la guerra
preventiva que desde el punto de vista doctrinario estaba haciendo
no una Cancillería cualquiera: la Cancillería que estaba
presionando al Consejo de Seguridad para que votara otra resolución
que le autorizara el uso de la fuerza era la Cancillería de los
Estados Unidos. La señora Condoleezza Rice era quien la estaba
elaborando. Y en torno a la invocación de esa doctrina se estaba
justificando y anunciando que aunque no hubiera autorización,
igual iban a hacer uso de la fuerza, pasando por encima del
derecho internacional. Si en ese momento era perentoria una
respuesta sobre el tema, ¿cómo se puede imaginar que no era
necesaria una respuesta ante la inminencia de la concreción de
esa doctrina en la práctica, ante la declaración de la guerra y
del ultimátum, y cómo se puede imaginar que no es necesario un
pronunciamiento sobre el tema después de la declaración de
guerra y del ultimátum, vencido el cual se practica esa doctrina?
(Ocupa la Presidencia el señor Representante Chápper)
Esto
es inexplicable, señor Presidente. Reitero que me parece carente
de toda lógica ‑lo digo nuevamente‑ lo que acaba de
decir la Cancillería en esta Sala, más cuando sobre ese tema se
comprometió a consultar. Hay, entonces, dos discrepancias
radicales, de fondo: el incumplimiento del compromiso de la
consulta y la reiteración del concepto de que no es necesario
pronunciarse sobre una doctrina. Y después todavía se dice que
no es necesario pronunciarse sobre la aplicación de la doctrina:
¡Por favor! Me parece de una contradicción flagrante con la lógica
y el sentido común.
Con
respecto al concepto de consulta, que es parte central de este
cuestionamiento, creo sinceramente que todo el mundo entiende que
no es de recibo el concepto de consulta al que se refiere el señor
Ministro interino Valles. Consulta es pretender interpretar por sí
y ante sí, en forma excluyente, el contenido de las
declaraciones. ¿Cómo es posible que se entienda que cualquier
definición de un Estado o grupo de Estados al margen de lo
establecido por las Naciones Unidas es un acto ilegítimo
‑lo establecen las declaraciones‑ y se pretenda decir
que esta declaración lo representa? ¿Cómo se entiende
interpretar la posición de un partido que dice que hay que
denunciar la violación al derecho internacional y convocar a la
Asamblea General de la Naciones Unidas para discutir políticamente
las gravísimas violaciones al derecho internacional cometidas por
quienes desataron unilateralmente la guerra y, al mismo tiempo,
afirmar que esta declaración la interpreta? Es clarísimo que no
la interpreta. ¿Quién puede sostener lo contrario sin faltar al
sentido común? ¿Cómo puede sostenerse que la declaración de la
Cancillería interpreta la posición del Frente Amplio o del
Partido Nacional ‑lo digo con todo respeto: ¡allá el
Partido Nacional con lo que define!‑ que dice claramente que
cualquier acto de un Estado o grupo de Estados, al margen de las
Naciones Unidas, configura un acto ilegítimo? ¿Dónde está,
entonces, la interpretación en ese particular concepto de la
consulta que el Canciller dice? No, señor; no es así. Esa
consulta implícita no refleja el posicionamiento que contienen
esas declaraciones, señor Presidente. Y eso es objetivo; no es
una cuestión interpretativa.
Con
respecto al exordio de la declaración, ya lo hemos dicho: es clarísimo
que nadie puede pretender, en una introducción de una declaración,
invocar principios, así como en los resultandos no referirse a la
flagrante violación de esos principios que se está cometiendo en
el mundo. A eso nos referimos. ¿Qué sentido tiene introducir la
invocación al principio de la vigencia del derecho internacional
y no decir que las acciones que se están llevando adelante se
realizan en contra y en desconocimiento de ese derecho por parte
de quienes la realizan y no por parte de quienes las defendieron
ni de la institución que trata de defenderlas, que es el Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas? Yo creo que esto es
absolutamente claro.
En
este esfuerzo telegráfico por agotar la sesión y, con todas las
posiciones, votar el proyecto de declaración que vamos a
presentar, digo que no es cierto, que no es así: la Asamblea
General de las Naciones Unidas, como he señalado, se puede y se
debe convocar. El procedimiento reglamentario lo habilita, además,
en forma operativa y expeditiva. Que no se logre convocar es otra
cosa, pero tiene todo un sentido político de determinación.
En
la misma línea, digo que discrepar no es ofender; rechazar no es
romper relaciones; denunciar no es considerar enemiga a una nación.
Nadie está hablando de utilizar términos; estamos hablando de
utilizar conceptos. Se insiste en una posición en la que se
reitera que nosotros estamos reclamando palabras. No estamos
reclamando palabras, sino conceptos bien claros, dichos de la
manera que se quiera pero dichos, y actitudes en consonancia con
esos dichos. Eso no está en la respuesta del Canciller.
SEÑOR
PINTADO.-
¿Me permite una interrupción?
SEÑOR
PITA.-
Sí, señor Diputado.
SEÑOR
PITA.-
Señor Presidente: vamos a ahorrar a la Cámara la abundante serie
de declaraciones y pronunciamientos de Gobiernos de América
Latina, de Presidentes, que tienen como contenidos claras y explícitas
definiciones de las responsabilidades de quienes han actuado de la
forma como lo han hecho, iniciando esta guerra contraria al
derecho, y de las consecuencias.
Omito el discurso del Presidente Lula después del ultimátum,
la declaración de Brasil con todos los contenidos del documento
de la Cancillería ‑además de lo expresado por su Embajador
y de las posiciones relatadas por el señor Diputado
Pintado‑ y del mensaje a la nación, complementario y
posterior, en distintas etapas. Son todos pronunciamientos
referidos a las etapas posteriores a la declaración de la guerra,
al ultimátum y al inicio de las acciones militares en la guerra
de agresión.
SEÑOR
SCAVARELLI.-
¿Me permite una interrupción?
SEÑOR
PITA.-
Si es brevísimo, porque si no, incumplo el compromiso que asumí
para poder terminar en hora.
Señor Presidente: me solicita una interrupción el señor
Diputado Scavarelli, que no puedo negarme a concederle.
SEÑOR
PITA.-
Señor Presidente: habría que reiterar los conceptos de la
necesidad que tienen las Naciones Unidas de que los Estados,
representando a los pueblos de las naciones que organizan,
concurran a la defensa de la institucionalidad afectada y
gravemente dañada. El Consejo de Seguridad acaba de ser objeto de
un brutal golpe en contra de sus competencias, y compete a las
naciones la responsabilidad de ir al salvataje del edificio
institucional de las Naciones Unidas. Como lo hiciéramos en otras
ocasiones, debemos hacerlo ahora.
Omito otras referencias. Quiero señalar con claridad que
todos los dichos y citas al Canciller Opertti, tanto en aquello
con lo que discrepamos frontalmente ‑como el caso del
compromiso no cumplido y asumido por él respecto de la consulta
frente a la aplicación práctica de la doctrina de la guerra
preventiva‑, como en lo que coincidimos, se refieren a la
construcción de una política que tuvo continuidad y que, desde
nuestro punto de vista, está siendo abandonada con estas
posiciones.
En cuanto a las afirmaciones del Canciller con respecto a
que las preguntas no son necesarias, en realidad nos está
diciendo que no quiere pronunciarse respondiendo a las
interrogantes. Creo que el quid del asunto está en ver si las
respondemos, y enfáticamente le reitero lo mismo que le dije al
final de mi primera intervención: ¿se considera o no que esta
guerra es ilegítima? ¿El Poder Ejecutivo está dispuesto a
pronunciarse en este sentido, en el que no se pronunció? ¿Cómo
podía pronunciarse antes de la guerra desatada si esta no se había
producido? ¿Cuál es la lógica que se pretende invocar para
decir que los pronunciamientos anteriores a la guerra implican un
pronunciamiento sobre esta si aún no había comenzado? ¿Cuál es
la lógica de esta respuesta?
La respuesta se impone: ¿es o no ilegítima la guerra? ¿Está
dispuesto a pronunciarse, o no? ¿Está dispuesto a pronunciarse
sobre la exigencia del cese de hostilidades, la restauración de
la paz y el respeto de la integridad territorial? Son tres
preguntas absolutamente claras, y no se puede invocar que no es
necesario contestarlas refiriéndose a pronunciamientos previos a
la realidad fáctica que se impuso en el mundo sobre estas
cuestiones.
LA
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